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LA ESTÉTICA, LA NATURALEZA Y EL HOMBRE.

LA ESTÉTICA, LA NATURALEZA Y EL HOMBRE.

Por Carlos Anández

Estética es un término que puede interpretarse dentro de diferentes acepciones: en forma general puede usarse como referido a lo bello. Dentro de la filosofía generalmente se circunscribe a tres diferentes ramas: a) el estudio de la esencia y la percepción de la belleza. b) El campo de la teoría del arte. c) El estudio de la percepción en general, sensorial o entendida de manera más amplia. Etimológicamente, estética, se compone de las voces griegas aisthetike<sensación, percepción>, aisthesis<sensación, sensibilidad> e ica<relativo a>. Si nos ceñimos a la primera interpretación podríamos decir que la estética se refiere al estudio de las razones, las emociones estéticas y también a las diferentes formas del arte. Pero preferimos movernos dentro de la acepción coloquial, así como referirnos a las diferentes ramas de la filosofía. Porque es dentro de la interpretación histórica donde vamos a incluir el análisis estético. Para poder esbozar una opinión al respecto debemos referirnos al hombre. Sin la consideración del hombre como sujeto natural y social no encontraríamos motivos valederos para interpretar el conocimiento estético, porque no existe conocimiento sin la presencia del hombre como no es posible considerar el pensamiento disociado de la imagen y la abstracción que significa la palabra. Realizar un análisis específico de los diferentes ítems, enunciados con anterioridad, nos ubicaría en un terreno superficial, elemental, sin historicidad y por lo tanto estéril. Si no se considera al hombre como unidad dentro del universo natural, si no se define al hombre como un ser en cuanto a su existencia natural, su esencia incluida en la esencia del todo natural, no sería posible considerar el hecho histórico como un todo dentro del todo-que no es mas que la estructura dialéctica- fundamento elemental del desenvolvimiento histórico. Es necesario, entonces, considerar al hombre en sociedad, donde la realidad objetiva se convierte en realidad de las fuerzas esenciales humanas, así los objetos pasan a ser la objetividad de sí mismo. Entonces si los objetos confirman y a la vez realizan la objetividad del hombre–porque se convierten en sus objetos­– debemos entender que el hombre mismo se hace objeto. Según los objetos se transformen en propios ha de depender de la naturaleza del objeto y de la naturaleza de la fuerza esencial en concomitancia con ella. Así dice Karl Marx en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844: “Lo peculiar de cada fuerza esencial reside precisamente en su peculiar esencia y también, por tanto, en el modo peculiar de su objetivación, de su ser vivo, objetivo, real. Por tanto. El hombre no es afirmado en el mundo objetivo solamente en el pensamiento, sino con todos los sentidos.” Podemos entender que el sentido de un objeto es para mi– ­que solo es posible a tono con el–si llega hasta donde llega mi sentido y por eso los sentidos del hombre social sean diferentes a los sentidos del hombre no social, “ así también es la riqueza objetivamente desplegada de la esencia humana la que determina la riqueza de los sentidos subjetivos del hombre, el oído musical, el ojo capaz de captar la belleza de la forma, en una palabra: es así como se desarrollan y, en parte, como nacen los sentidos capaces de goces humanos, los sentidos que actúan como fuerzas esenciales humanas. Pues es la existencia de su objeto, la naturaleza humanizada, lo que da vida no sólo a los cinco sentidos, sino también a los llamados sentidos espirituales, a los sentidos prácticos ( la voluntad, el amor, etc.), en una palabra, al sentido humano, a la humanidad de los sentidos.”(Karl Marx, op. cit.). Si la estética es, de alguna forma, el estudio de lo bello, el estudio de la historia del arte, de las razones y las emociones, la esencia y la percepción de la belleza, es necesario que incluya como su fundamento primario la determinación del concepto de hombre objeto social, hombre sensorial, hombre ser objeto en cuanto los objetos sean. Pero el objeto artístico–hecho artístico si se pudiera decir–no depende pura y exclusivamente en sí, sino que termina por ser en cuanto el hombre lo concibe a priori en la esencia subjetiva y lo conforma en objeto real partiendo de objetos que servirán de estructura al mismo objeto artístico y por, ende, lo bello será afín a dicho objeto en cuanto mantenga compatibilidad histórica. La compatibilidad histórica es afín al hombre como objeto universal y como voluntad transformadora de la naturaleza. Entonces, la obra de arte, no ha de ser en cuanto no sea la transformación del objeto materia prima que por obra de la acción subjetiva se transforma por medio del trabajo en obra de arte. Y el arte despertará el sentido artístico, pero la más fabulosa obra de arte carecerá de sentido en cuanto no despierte la capacidad subjetiva que depende del objeto particular del hombre para generar lo esencial del sentido del arte. Podríamos decir que la experiencia histórica del hombre, la experiencia cultural, determinará la fundamentación de la obra de arte y la condición indispensable para tal hecho es la normativa o reglamentación del hecho artístico como experiencia real o sea como objeto en si. Pero como ya hemos esbozado para que el “hombre se convierta en objeto de la conciencia sensible y la necesidad del “hombre en cuanto a hombre” se convierta en necesidad, sea necesario pasar por la historia preparatoria y desarrollo de toda la historia. La historia es por sí una parte real de la historia natural, de la transformación de la naturaleza del hombre.”(Karl Marx, op. cit). Resulta importante afirmar que la representación subjetiva de un objeto arte depende de una objetivación cultural que responde a una estructura científica fundamental que no representa más que la necesidad de ser hecho histórico. Cuando hablamos de transformación–termino que puede caberle a lo ético–nos referimos específicamente a transformación objetiva y la obra de arte es la transformación sujeto objeto, objeto, objeto, que no es posible separar de la esencia natural. Por lo tanto una obra literaria es objeto en cuanto responde a un objeto subjetivo que por obra de la palabra, del pensamiento, del hacer cultural, del hombre objeto natural, se presenta como objeto ante los sentidos humanos que la incorporan a su esencia. Cualquier manifestación artística se transforma en el devenir histórico, es fuente incesante en el ser natural que no es otra cosa que la representación sensorial del hombre.

Obra citada: Carlos Marx, Manuscritos económico-filosóficos de 1844. Versión en español de Wenceslao Roces, correspondientes al volumen antológico Marx, Engels y el marxismo, de ediciones en Lenguas extranjeras, 2° edición, Moscú, 1948.
D.R. Cop. 1968, sobre la versión española por Editorial Grijalbo, S. A, avenida de las Granjas, 82, México, 16, D. F. Primera edición.

LA LIBERTAD.

LA LIBERTAD.

Por Carlos Anández

Pero también la idea de libertad es al fundamento del derecho humano, necesidad que se inscribe en la historia como detonante de importantes revoluciones sociales y políticas.

Pero también la idea de libertad es al fundamento del derecho humano, necesidad que se inscribe en la historia como detonante de importantes revoluciones sociales y políticas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.
Miguel Hernández.

Dedicar un pequeño espacio al concepto de libertad es tarea difícil. Porque es necesario transitar senderos afines al hombre que podrían conducirnos a interpretaciones más cercanas a lo ético que aquello fundamentalmente histórico. Será necesario determinar la dirección en que vamos a usar el término libertad o sea si estimaremos libertad “para” o libertad “de”; que es lo mismo que decir voluntad de hacer o voluntad de ser. Más allá de su significación el término libertad encierra la idea de felicidad y por ello la idea de bien y como idea de bien es moral y como moral es al objeto subjetivo del hombre y como tal común a otros, humano, social. Pero también la idea de libertad es al fundamento del derecho humano, necesidad que se inscribe en la historia como detonante de importantes revoluciones sociales y políticas. Seguramente la lucha por la recuperación de un derecho social, aunque se inscriba en un momento histórico determinado, lleva impresa una premisa que en principio es moral, porque se fundamenta en la voluntad “para “consentir con otros un fin que no será mas que una conquista para la sociedad toda. Si la voluntad nace como realidad individual, en la medida que suma en otros, adquiere valor colectivo y se transforma en voluntad de poder. “Mientras le anime la voluntad de no aprisionar cada pensamiento nuevo en la envoltura de las leyes que se cristalizan en su entorno, oprimiéndolo como a las gotas de lava de que nos habla Nietzsche, pronto llegará el momento en que esa evolución no encuentre en su camino ningún obstáculo fundamental. En esto radica nuestra concepción de la libertad, en esto radica también la grandiosidad y, al menos en nuestro planeta, la unicidad provisional del cerebro humano, el cual, pese a sus gigantescas diferenciaciones y estructuraciones, es un órgano cuya función posee una capacidad de cambio digna de un Proteo, dispuesta a rebelarse incondicionalmente contra las limitaciones funcionales condicionadas por su propia estructura, y en un grado ni siquiera conocido por ese protoplasma que puede prescindir de estructuras rígidas.”(Konrad Lorenz- La teoría Kantiana de lo apriorístico bajo el punto de vista de la biología actual-Argos Vergara- 1983). Karl Marx en su intento de incluir el hombre en la naturaleza afirmaba: “El objeto primero del hombre-el hombre-es la naturaleza, la sensibilidad, y las especiales fuerzas esenciales sensibles del hombre, del mismo modo que solo encuentran su realización objetiva en los objetos naturales, sólo pueden encontrar, en general, su autoconocimiento en la ciencia del ser natural.(…) Un ser se considera independiente cuando se halla sobre sus propios pies, y sólo se halla sobre sus propios pies cuando debe a sí mismo su existencia.(…) El ser por sí mismo de la naturaleza y del hombre es inconcebible para él, porque se halla en contradicción con todas las cosas tangibles de la vida práctica.”(Karl Marx-Manuscritos económico-filosóficos de 1844-Grijalbo-1968). En esa contradicción señalada por Marx reside la causa fundamental para que la sensibilidad sea la base de toda ciencia y partiendo de ella “bajo la doble forma de la conciencia sensible y la necesidad sensible”, si la ciencia parte de la naturaleza, será ciencia real. Entonces para que el “hombre se convierta en objeto de la conciencia sensible y la necesidad del “hombre en cuanto a hombre “se convierta en necesidad, hay que pasar por la historia preparatoria y de desarrollo de toda la historia. La historia es de por sí una parte real de la historia natural, de la transformación de la naturaleza del hombre.”(Karl Marx- op. cit).

Es evidente, entonces, que el hombre debe considerarse integrado a las fuerzas de producción, siendo en cuanto trabaja y en cuanto su transformación en hombre–según Federico Engels–se fundamenta en el trabajo. El hombre transforma la naturaleza–los objetos naturales–desde su origen, desde que es capaz de comunicarse por medio de la palabra, que es la abstracción a través del objeto sensorial del objeto natural y de la imagen que conforma el pensamiento. El papel que juega el trabajo según Federico Engels–en la transformación del mono en hombre– es, de alguna manera, afirmación de su transformación cerebral, diferente en primates inferiores incapaces de generar elementos compatibles con la ciencia histórica. Así la mano humana es un componente físico fundamental con el que, el hombre, es capaz de generar cambios en la materia objeto de que es parte y forma: la naturaleza. Pero visto de esta manera el concepto cobra una abstracción demasiado elevada y parece desprenderse de la realidad tangible; porque el sentido evolutivo ya no lo es, sino que el sentido evolutivo parece concebirse solo con la palabra transformación. Transformarse es, de alguna manera, cambiar de forma y es aquí donde encontramos sentido a los enunciados anteriores. Cambiar de forma a través de la historia no significa un momento mágico, sino la aceptación real del objeto que cambia en cuanto adquiere sensibilidad y se conduce por su voluntad “para “revelarse como parte del objeto natural y encuentra su capacidad de “ser “parte de la naturaleza. Luego de este punto–el hombre en cuanto a hombre–se descubre sin esfuerzo que la voluntad debe entenderse como categoría intrínseca de la conciencia humana, generada en el protoplasma cerebral, que se inscribe en la ciencia natural como sensibilidad generadora, que no se representa como abstracción sino como direccionalidad, transformación social en cuanto al objeto humano, que es en sí objeto natural. Lejos se sitúa, entonces, el desarrollo anterior de aquella afirmación de Kant: “El deseo de extender nuestros conocimientos es tan grande, que solo detiene sus pasos cuando tropieza con una contradicción clarísima; pero las ficciones del pensamiento, si están arregladas con cierto cuidado, pueden evitar tales tropiezos, aunque nunca dejen de ser ficciones. (pp.152) Kant, [Immanuel] Kritik der reinen Vernunft- traducción: José del Perojo. Crítica de la razón pura- Buenos Aires, Losada, 1938. Pero el pensamiento, aunque ficción para Kant, es para nosotros una actitud reveladora, proceso de voluntad de hacer, de comprender. Tal vez en el Hegelianismo de Marx se pueda encontrar aquella explicación donde los hechos tienen origen en la historia y la historia parte de la historia de la ciencia natural según Marx. Entonces, de acuerdo al asunto que nos ocupa, debemos afirmar que la voluntad “de “ser libre se incluye en la historia y como tal en la historia de la ciencia natural. Tal manifestación, de ser moral, es solo intencionalidad; de ser histórica, es transformación de un objeto esencial como producto de una revolución social.

Obras citadas: Lorenz Konrad, Wuketits Franz M., La evolución del pensamiento, Argos Vergara, Barcelona, 1983.
Marx, Karl, Manuscritos económico-filosóficos de 1844, Grijalbo, México, 1968.
Kant [Immanuel] Kritik der reinen Vernunft- traducción José del Perojo, Crítica de la razón pura, Buenos Aires, Losada, 1938.
Aranguren, José Luis L. El marxismo como moral, Alianza editorial, 1968.
Engels, Federico, El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, Editorial Progreso, Moscú, 1970.
Engels, Federico, El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, Editorial progreso, Moscú, 1970.

ESCRIBIR EN TINOGASTA

ESCRIBIR  EN  TINOGASTA

Juana Águeda Acosta

Lic. Juana Águeda Acosta
Proyecto Cultural”Allpa-Súmaj” (Tierra linda)
Tinogasta. Provincia de Catamarca.

Escribir. Inefable anhelo de los que caminan con el espíritu alerta transitando senderos de inspiración e imaginación. Escribir. Intentar aferrar la esquiva palabra. Ordenar emociones. Arracimarlas. Darles vida en la blanca cuna del papel que espera desafiante y misterioso.

Escribir en Tinogasta… sinónimo de osadía y coraje. Escribir reconociéndose en el sentimiento que explota auténtico y urgente. Beberse el paisaje en sus tardes, sus noches y sus mañanas. Andar la historia de la gente, percibiendo el amor, la alegría, la tristeza, la soledad, la impotencia, la pobreza, la orfandad, la indiferencia. Y con valentía inalienable, responsabilidad señera, sin técnica alguna, escribir. Hacerlo desde el sentir y la voluntad por contar del pueblo al que se conoce, vive, sufre y celebra. Escribir desde Tinogasta y por Tinogasta, en el firme anhelo de contar a los otros lo que ya es en uno, marca indeleble, un palpitar urgente exigiendo espacio, mensaje. Decir de Tinogasta aceptando la simpleza de sus calles, su gente hermosa, sus aciertos y desaciertos. Su alta bandera cuando asume el destino de batallar el rótulo de “país interior” cansino y confundido en el conflicto que margina sueños y voluntades envejeciendo esperanzas.
Escribir en Tinogasta donde la CULTURA es una fruta que muchos buscan saborearla madura por la savia del esfuerzo personal, manos unidas, voluntad y talento al servicio del terruño.

TINOGASTA, donde un riojano de nombre Luis Taborda llegó un día con un racimo de anhelos y una pletórica alforja de sueños. Nos enseñó a mirar y querer de otra forma a nuestro Tinogasta. Un pueblo atento que una vez por año se llama “ALLPA-SÚMAJ: Semana de la Cultura” (Tierra Linda) celebrando la pertenencia a través del arte popular, simple, artesanal, con aroma a trabajo, voluntad y amor por enaltecer lo que conmueve el espíritu desde lo cotidiano y lo insondable de la inspiración. TINOGASTA donde el “Gringo “Ramón Sierralta es más poeta y más pueblo allá en el cielo de los limbos eternos crea versos para su “Coya Rezongón–libro–y los reparte en nube, cielo, espacio y silencios. Donde Don Tomás Murúa grita su tristeza porque aún no aprendimos a cuidar el algarrobo; un coplero de nombre Juan Aguirre saluda al “Gigante dormido”–leyenda regional– con coplas que brotan con la fuerza y la naturalidad del viento. Donde un soñador llamado “Kelly “Carrizo, inventa caminos y llama cada año a un “Encuentro de Escritores y Poetas” que llegan de Argentina y países limítrofes con un racimo generoso de cuentos, versos canciones. Los Artesanos con su abanderada, Alaciar Andrada tejen con hábiles manos sus sueños con hilos de poleo, mimbre, esculpen la piedra como acariciándola, soñándola forma y mensaje. Una dulce maestra jubilada: Vilma Quintar descubrió un día que ya no tenía a sus niños para educar y, asumiendo su sentimiento, lo llevó al papel y–aún más– lo convirtió en libros donde la memoria oral adquirió su valor enorgulleciéndose de lo que realmente es, en el eslabón infinito de la construcción de la cultura. Y otros siguieron su derrotero. Y así un ex docente Don Héctor Rodríguez fructificó su tiempo y se fue por el recuerdo para recuperar senderos donde el Bien común fue norte y guía de su vida construyendo por Tinogasta.

Y entonces ella, Tinogasta por momentos, es sólo una niña primorosa que se celebra con la belleza de la palabra. TINOGASTA es un pueblo que hace Cultura como un mandato natural. Y cada año una “urpilita”(paloma) de nombre Celia Sarquís con sus largos brazos culturales nos llama cada año bajo el manto de la Virgen del Valle y con un grito que por sobre algarrobos, talas, olivos y viñas, nos reúne en una “Feria del Libro “donde Tinogasta acude, como el río pletórico que va buscando el mar. Se une a otros duendes que aman los libros y pregona los sentires de esta tierra que bendice el alma generando sentimientos insondables que alimentan la pertenencia y el goce con lo propio. Y como si fuera poco un día, en alguno de los encuentros llegó un duende uruguayo, Rubén Garrido para contagiarnos su vocación de “hacer libros”. Publicar. Dar a conocer un ramillete de palabras que los tinogasteños escribíamos y acumulábamos sin atrevernos a publicar ni a contar a otros. Tinogasta que cobijó un día un arlequín llamado Héctor Aybar se hizo movimiento, tierra, viento, creación y alimentó un sueño con voluntad, trabajo, perseverancia. Ante la sordera consciente del “no se puede” sembró en el alma de muchos niños, jóvenes, el amor por la Danza. Luego extendió sus brazos a otros duendes del camino que creían en la danza como arte y expresión del sentimiento y los reunió en Tinogasta en aquel mes de enero que marcó un Encuentro de voluntades de maestros de danza, padres, alumnos y el pueblo todo; recibiendo a jóvenes y niños de todo el país, demostrando con ello que sí se puede cuando se unen voluntades. Fiesta que repitió en tres oportunidades y hoy se continúa con la actividad local de su escuela de Danza llamada “Fortín sureño” (su director provenía de esa Escuela, en el sur del país)

Tinogasta es cultura en sus músicos y cantores populares con alma acostumbrada a sentir con sencillez y autenticidad. El teatro vocacional se expresa en “Ilusiones” y “Soñar despierto”. Grupos vocacionales que, bajo la conducción de una soñadora eterna, Enriqueta “Pochita” Robles, hacen del teatro con obras de autoría propia, creando situaciones en un contexto propio, conocido, engalanado por la imaginación creadora que cuenta bellísimas historias de gente común pero con altos valores y un mensaje en los labios de actores, que son gente cotidiana que enriquece su vida a través del arte. TINOGASTA, se perfila hacia un futuro donde su gente lucha por construir, difundir y defender su cultura, buscando oportunidades para mostrarse como lo que es: pueblo y coraje.

TINOGASTA, hace Cultura a paso lento pero firme, uniendo voluntades y sensibilidades. Así nace “AVAT” (Artistas Visuales Asociados de Tinogasta) y el pincel, el lápiz, la historieta, se hacen bellas obras producidas por talentos jóvenes guiadas por maestros que saben organizar, producir y presentar “Muestras” que nada tienen que envidiarle aquellas de los grandes centros con jóvenes de brillante mirada entremezclada con la experiencia y el talento.

Mi irrefrenable empatía sabe que olvida a muchos más que le cantan a TINOGASTA. Olvido momentáneo que no significa nulidad de vuelo y trinar, sino por las trampas de la memoria y esta urgencia con que la palabra camina mi sangre. Pero a todos los que aman y hacen por TINOGASTA los abrazo con entusiasmo y vida compartiendo la senda conocida que sabe a paisaje; pertenencia, lucha y vocación por lo que es el terruño, la magia con que nos aferra y nos hace raíz contándolo, difundiéndolo enriqueciéndolo.

CONVERSAR CON FALCO

CONVERSAR CON FALCO

En ciertos momentos–cuando los laberintos de la existencia se tornan inaccesibles y el pecho se transforma en un puño, como un dolor que desfigura el alma–demoro mi sombra sobre el paisaje agreste de la ciudad dormida, atravieso el umbral de mi casa, enciendo el velador de la sala y busco un libro entre los anaqueles de la biblioteca. Un libro que ocupa siempre el mismo sitio, que regresa de la madera a mis manos, de la letra a mi mente; silueta fantasmal derrumbada en la espera, en el dolor de Ser. Me integro, así, al devenir incesante de la poesía y descubro una vez más el corazón inmortal de Falco:” Donde se siente que uno está solo, /viví la noche oscura/oprimiéndome el pecho, /y un cielo de cenizas/donde olvidé quereros”. Integrado al sufrimiento que produce la insatisfacción por estar y no ser, por morir en cada golpecillo del reloj, bajo la tormenta invisible de la soledad, vacilación ingenua que nos es más que una interrogante, un pensamiento baldío de palabras, una imagen distorsionada de la muerte.” /Todo pasa en la vida. /Pasó tu inmerecida muerte. /Pasaron días y pasaron noches. /Todo pasa. /Mas yo quisiera/verte de nuevo, aunque murieras”. Y el deseo es mas fuerte que la muerte, es casi un ruego, pregunta sin repuesta, voluntad de Ser, porque como dijo Arregui estar muerto es también una manera de ser. Vuelvo recurrentemente a Tiempo y tiempo porque necesito conversar con el hombre, volver a oír su verbo, conversación conmigo, con mi inconsciente umbroso, develar el secreto de la ánimas ocultas en la sombra del cuarto: “Vienes por un camino/que mi memoria sabe, /y me detengo entonces/indagándote el rostro./…/Todo está muerto, y muerto/el tiempo en que ha vivido./Yo mismo temo a veces,/que nada haya existido;/que mi memoria mienta,/que cada vez y siempre/–puesto que yo he cambiado–/cambie, lo que he perdido”.

Volver a Líber Falco es una necesidad para quienes logramos comunicarnos con su intimidad, con la razón de su existencia en un tiempo y un espacio diferentes. Dice Heber Raviolo en el prólogo de la edición de Tiempo y tiempo de 1987: “Más que admiración, lo que despierta Falco en el lector es un estado de comunión espiritual, la sensación de sentirse consubstanciado sentimental y espiritualmente con el poeta. /…/Hay un aspecto que es imposible pasar por alto en la poesía de Falco: en una primera instancia, pocos poetas podemos encontrar, en el panorama de nuestra literatura, más atormentados, más angustiados por el soplo helado de aquellos grandes personajes, viejos como el hombre y la poesía: el tiempo, la soledad, la muerte. Pero no obstante ello, su obra reboza vitalidad y, aún en sus momentos más desolados, parece trascender una salud espiritual que transforma lo que pudo ser un desesperante callejón sin salida en un verdadero cántico de amor, de amor en la alegría y en el dolor, en la soledad y en la amistad, en la muerte y en la vida”. “Perdona, yo anduve un día, mucho tiempo, /calles y calles junto a puertas y paredes, /nadie dijo mi nombre; /sólo tú una vez, y qué locura, /para tu frente de violetas/tuve una risa de dos dientes”. Y me siento volar en aquella sonrisa, en el fondo del vaso vacío, en el conjuro de algunos demiurgos que se escapan de la dramaturgia o de la prosa introspectiva de Platón para volver a reposar sobre el callejón neblinoso de la vida. Porque la vida es movimiento, un juguete, un juego, “lo poco y lo mucho que tenemos”, los amigos son parte del Ser y también, como yo, serán nada: “Mas, se acerca el invierno que esperó tantos años. / Adiós, adiós, adiós, os saluda un hermano/ que gastó su moneda de un tiempo ya pasado. / Adiós, ya se acerca el invierno que esperó tantos años”. Sentirme solo, la mente abarrotada de recuerdos, simplemente imágenes, pensamientos que aparecen sin ser evocados, sombríos callejones con una luz apenas por salida y más allá la muerte.  Falco interrogaba a sus amigos muertos, les esperaba, deseaba oírles decir una palabra–sobretodo en su enfermedad–, volvía frecuentemente sobre el tema y también a Dios que no era Dios sino un hilo de esperanza, pálido diseño de fe:”Qué me dio Dios para gastar/ qué?, que no entiendo./…/Dadme cantar y cantando/ verterme como un río,/ por estas calles/ hacia el mar”. Entonces vuelvo al origen, a la naturaleza madre, conjuro terrenal que se siente y se eleva hacia el cielo: “También quisiera uno, / luego de tanto y tanto/ amor al aire, / que un árbol se recline/ a bebernos la frente/”. Uno de sus amigos más íntimos escribió:

Es alta noche. Hace cuatro días que murió Falco. Estoy escribiendo lejos de Montevideo. La noche y el campo me rodean. La noche–ya se sabe–tiene mucho que ver con la muerte. El campo también, se me antoja ahora, no sé si por soledad, no sé si por la tanta tierra en sí. Sobre mi mesa hay un desorden de libros, papeles, cigarrillos, tazas con restos de café, revistas. Tres revistas están abiertas en páginas con poemas de Falco. Al lado de las hojas que he venido escribiendo desde la noche del día de su entierro, hay un pequeño libro: Días y noches. Hace tres días que ese libro está al alcance de mis manos, y mis manos incontables veces lo han tomado. Tiene una dedicatoria en tinta azul: “Para Mario, un hermano, con quien hemos compartido días y noches. Con un abrazo, Falco”. (Líber Falco- Mario Arregui. 1964)

Vuelvo entonces al libro y leo:

¿Cómo diré que tú vivías,

que yo te ví,*

y que otros te miraron?”

CARLOS ANÁNDEZ.

Líber Falco nació en Montevideo el 4 de octubre de 1906 y murió el 10 de noviembre de 1955.

OBRAS:

COMETAS SOBRE LOS MUROS (Imprenta Stella 1940)

EQUIS ANDACALLES (1942)

DÍAS Y NOCHES (Imprenta Herculiana 1946)

TIEMPO Y TIEMPO (Ediciones Asir- Montevideo- 1956)

Nota: con acento en el original*

UN FANTASMA VUELVE A RECORRER EUROPA

UN FANTASMA VUELVE A RECORRER EUROPA

71ª FERIA DEL LIBRO DE MADRID

Una edición del Manifiesto comunista bellamente ilustrada por Fernando Vicente, y publicada por una pequeña editorial, Nórdica, se ha convertido en éxito de ventas durante la 71° Feria del Libro de Madrid. En circunstancias diferentes de las actuales, tal vez bastaría buscar la explicación en los innumerables caprichos que, de acuerdo con los editores, deciden la suerte de los miles de títulos que aparecen cada año. La crisis, en cambio, sugiere indagar en otra dirección: aparte de entender lo que está pasando, parecería que los lectores quieren saber si existen alternativas y en qué consisten.

Los panfletos de la indignación, siempre con sus títulos conminatorios, habrían cubierto ese espacio desde que estalló la crisis y la respuesta de los Gobiernos se ajustó de forma unánime, e imperativa, a los programas defendidos por los partidos conservadores en tiempos de bonanza. Puesto que Marx y Engels redactaron una enmienda a la totalidad del sistema capitalista hoy de nuevo en crisis, puede que detrás del inesperado éxito de la reedición del Manifiesto comunista se encuentre cuando menos la curiosidad de revisar esa enmienda y dilucidar en qué aspectos podría seguir vigente y constituir una esperanza para unos países que están perdiendo casi todas.

El segundo congreso de la Liga Comunista, celebrado en noviembre de 1847 en Londres, encargó la redacción de un programa de acción a Marx y Engels, quienes lo dieron a la imprenta en febrero del siguiente año. Las ediciones y traducciones se multiplicaron a un ritmo vertiginoso desde entonces, algunas tan singulares como la de Bakunin al ruso en 1860, y los autores no dejaron de congratularse en cada nuevo prólogo de los muchos que redactaron para presentar el Manifiesto. “Me veo, por desgracia, en la obligación de firmar solo el prólogo a la presente edición alemana”, escribe Engels en 1883, fecha en la que se produce en sutil punto de inflexión, “Marx, el hombre al que la clase obrera de Europa y de América, considerada globalmente, debe más que a cualquier otro, Marx reposa en el cementerio de Highgate y sobre su tumba crece ya la primera hierba”.

A partir de 1883, Engels desea que “figure en el frontispicio del propio Manifiesto” el reconocimiento de que pertenece a Marx, de que es una intución “única y exclusivamente suya”, la idea de que “la historia entera ha sido una historia de luchas de clases, de luchas entre clases explotadoras y explotadas, dominadoras y dominadas”. Más allá del tributo personal al amigo, Engels viene a decir en ese prólogo que, como señaló todavía junto a Marx en el de 1872, el Manifiesto debía entenderse como un documento histórico más que como un programa político. Si en 1872 los autores hablaban de la necesidad de correcciones para ponerlo al día, una década más tarde Engels, muerto Marx, da a entender que no se cree legitimado para introducirlas por su cuenta.

La condición de documento histórico que adquiere el Manifiesto a partir de 1883 le priva sin duda de su eficacia como programa político, pero le concede, en contrapartida, el atributo necesario para su éxito, la intemporalidad. El atributo suficiente derivará del género literario al que subrepticiamente se inscribe, y que es el de los relatos escatológicos para explicar el devenir del mundo. A partir de esa intuición que Engels reconoce como “única y exclusivamente” de Marx, los fundadores del socialismo científico redactan en apenas un centenar de páginas una gigantomaquia en la que el papel eterno de los explotadores y los dominadores es interpretado por el personaje de la burguesía, a la que se le opone en el papel de los explotados y los dominados, también eterno, el del proletariado.

A lo largo del Manifiesto se asiste entonces a las vicisitudes excepcionalmente bien narradas de un enfrentamiento ancestral, que evoca por momentos las del Gilgamesh y Enkidu babilonios o las de los ángeles bíblicos y sus espadas de fuego. Los hallazgos literarios del Manifiesto son tan abundantes como en los mejores poemas épicos de la antigüedad, como cuando Marx y Engels hablan del comunismo como “un fantasma que recorre Europa” o describen la crueldad que entonces imperaba en las relaciones de trabajo, igual que sigue imperando ahora, como “aguas heladas del cálculo egoísta”. Al igual que sucede con las obras que el transcurso del tiempo ha consagrado como clásicas, qué cerca y al mismo tiempo qué lejos de lo que dicen se encuentran los lectores de las sucesivas épocas.

José María Ridao – Madrid

WILFRIDO ACOSTA Y LOS DUENDES

WILFRIDO ACOSTA Y LOS DUENDES

Wilfrido Acosta Yépez, escritor carchense, presento su primera novela Los Duendes en la que relata las vivencias de Juan José, héroe de un viaje inacabado. El personaje central de una historia que conjuga la realidad con la fantasía, a quien el autor compara con Ulises de La odisea, de Homero, donde destaca la importancia de los valores humanos.

La presentación de su novela, tuvo lugar, el 5 de junio de 2012, en el teatro Prometeo de la Casa de la Cultura, en Quito.

Los Duendes es una novela; sin embargo Wilfrido Acosta también la describe como un ensayo sobre la farsa de la política mundial y, en particular, del Ecuador. Un acopio de situaciones en las que el hombre, dominado por tantas circunstancias que le agobian a diario, transita su vida sin tiempo y sin memoria. El protagonista que vive el relato, no es el hombre común, cuya vida se cierne en el vacío.

La pequeña geografía pueblerina es el sostén de sutiles experiencias vividas por el autor, en el trajín de una diaria conducta: sus luchas y sus logros que desfilan en la ruta de la frustración y el desencanto.

El autor se cuida de no desfallecer ante el desaliento de sus luchas y proyectos y lo animan unos duendes solidarios, le ponen luz presente en los recuerdos, en la añoranza de un pasado traspasado de nostalgia”, señala Hernán Alberto Herrera, en la contraportada del libro.

“Mi novela lleva el nombre de duende porque creo que aquel ser mítico representa la fuerza que empuja al hombre a desviarse de su camino; mi libro es en el fondo una especie de denuncia de quienes pedimos libertad, cultura y paz”, dijo Wilfrido Acosta.

Wilfrido Acosta, jurista y docente, de 89 años, ha escrito seis libros y fundó la Sociedad Ecuatoriana para Jóvenes Escritores. Estudió Jurisprudencia en la Universidad Central del Ecuador. Cursó un ciclo de Economía Política e Historia de la Constitución de Estados Unidos, en el Abilene Christian College, de Texas. Fue profesor de Lengua y literatura en el Colegio Mejía y Rector del Colegio Juan Salinas de Sangolquí. Fundador y Vicepresidente de la Sociedad de Escritores Jóvenes del Ecuador. Miembro activo de la Fundación Pedro Moncayo.