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ESCRIBIR EN TINOGASTA

ESCRIBIR  EN  TINOGASTA

Juana Águeda Acosta

Lic. Juana Águeda Acosta
Proyecto Cultural”Allpa-Súmaj” (Tierra linda)
Tinogasta. Provincia de Catamarca.

Escribir. Inefable anhelo de los que caminan con el espíritu alerta transitando senderos de inspiración e imaginación. Escribir. Intentar aferrar la esquiva palabra. Ordenar emociones. Arracimarlas. Darles vida en la blanca cuna del papel que espera desafiante y misterioso.

Escribir en Tinogasta… sinónimo de osadía y coraje. Escribir reconociéndose en el sentimiento que explota auténtico y urgente. Beberse el paisaje en sus tardes, sus noches y sus mañanas. Andar la historia de la gente, percibiendo el amor, la alegría, la tristeza, la soledad, la impotencia, la pobreza, la orfandad, la indiferencia. Y con valentía inalienable, responsabilidad señera, sin técnica alguna, escribir. Hacerlo desde el sentir y la voluntad por contar del pueblo al que se conoce, vive, sufre y celebra. Escribir desde Tinogasta y por Tinogasta, en el firme anhelo de contar a los otros lo que ya es en uno, marca indeleble, un palpitar urgente exigiendo espacio, mensaje. Decir de Tinogasta aceptando la simpleza de sus calles, su gente hermosa, sus aciertos y desaciertos. Su alta bandera cuando asume el destino de batallar el rótulo de “país interior” cansino y confundido en el conflicto que margina sueños y voluntades envejeciendo esperanzas.
Escribir en Tinogasta donde la CULTURA es una fruta que muchos buscan saborearla madura por la savia del esfuerzo personal, manos unidas, voluntad y talento al servicio del terruño.

TINOGASTA, donde un riojano de nombre Luis Taborda llegó un día con un racimo de anhelos y una pletórica alforja de sueños. Nos enseñó a mirar y querer de otra forma a nuestro Tinogasta. Un pueblo atento que una vez por año se llama “ALLPA-SÚMAJ: Semana de la Cultura” (Tierra Linda) celebrando la pertenencia a través del arte popular, simple, artesanal, con aroma a trabajo, voluntad y amor por enaltecer lo que conmueve el espíritu desde lo cotidiano y lo insondable de la inspiración. TINOGASTA donde el “Gringo “Ramón Sierralta es más poeta y más pueblo allá en el cielo de los limbos eternos crea versos para su “Coya Rezongón–libro–y los reparte en nube, cielo, espacio y silencios. Donde Don Tomás Murúa grita su tristeza porque aún no aprendimos a cuidar el algarrobo; un coplero de nombre Juan Aguirre saluda al “Gigante dormido”–leyenda regional– con coplas que brotan con la fuerza y la naturalidad del viento. Donde un soñador llamado “Kelly “Carrizo, inventa caminos y llama cada año a un “Encuentro de Escritores y Poetas” que llegan de Argentina y países limítrofes con un racimo generoso de cuentos, versos canciones. Los Artesanos con su abanderada, Alaciar Andrada tejen con hábiles manos sus sueños con hilos de poleo, mimbre, esculpen la piedra como acariciándola, soñándola forma y mensaje. Una dulce maestra jubilada: Vilma Quintar descubrió un día que ya no tenía a sus niños para educar y, asumiendo su sentimiento, lo llevó al papel y–aún más– lo convirtió en libros donde la memoria oral adquirió su valor enorgulleciéndose de lo que realmente es, en el eslabón infinito de la construcción de la cultura. Y otros siguieron su derrotero. Y así un ex docente Don Héctor Rodríguez fructificó su tiempo y se fue por el recuerdo para recuperar senderos donde el Bien común fue norte y guía de su vida construyendo por Tinogasta.

Y entonces ella, Tinogasta por momentos, es sólo una niña primorosa que se celebra con la belleza de la palabra. TINOGASTA es un pueblo que hace Cultura como un mandato natural. Y cada año una “urpilita”(paloma) de nombre Celia Sarquís con sus largos brazos culturales nos llama cada año bajo el manto de la Virgen del Valle y con un grito que por sobre algarrobos, talas, olivos y viñas, nos reúne en una “Feria del Libro “donde Tinogasta acude, como el río pletórico que va buscando el mar. Se une a otros duendes que aman los libros y pregona los sentires de esta tierra que bendice el alma generando sentimientos insondables que alimentan la pertenencia y el goce con lo propio. Y como si fuera poco un día, en alguno de los encuentros llegó un duende uruguayo, Rubén Garrido para contagiarnos su vocación de “hacer libros”. Publicar. Dar a conocer un ramillete de palabras que los tinogasteños escribíamos y acumulábamos sin atrevernos a publicar ni a contar a otros. Tinogasta que cobijó un día un arlequín llamado Héctor Aybar se hizo movimiento, tierra, viento, creación y alimentó un sueño con voluntad, trabajo, perseverancia. Ante la sordera consciente del “no se puede” sembró en el alma de muchos niños, jóvenes, el amor por la Danza. Luego extendió sus brazos a otros duendes del camino que creían en la danza como arte y expresión del sentimiento y los reunió en Tinogasta en aquel mes de enero que marcó un Encuentro de voluntades de maestros de danza, padres, alumnos y el pueblo todo; recibiendo a jóvenes y niños de todo el país, demostrando con ello que sí se puede cuando se unen voluntades. Fiesta que repitió en tres oportunidades y hoy se continúa con la actividad local de su escuela de Danza llamada “Fortín sureño” (su director provenía de esa Escuela, en el sur del país)

Tinogasta es cultura en sus músicos y cantores populares con alma acostumbrada a sentir con sencillez y autenticidad. El teatro vocacional se expresa en “Ilusiones” y “Soñar despierto”. Grupos vocacionales que, bajo la conducción de una soñadora eterna, Enriqueta “Pochita” Robles, hacen del teatro con obras de autoría propia, creando situaciones en un contexto propio, conocido, engalanado por la imaginación creadora que cuenta bellísimas historias de gente común pero con altos valores y un mensaje en los labios de actores, que son gente cotidiana que enriquece su vida a través del arte. TINOGASTA, se perfila hacia un futuro donde su gente lucha por construir, difundir y defender su cultura, buscando oportunidades para mostrarse como lo que es: pueblo y coraje.

TINOGASTA, hace Cultura a paso lento pero firme, uniendo voluntades y sensibilidades. Así nace “AVAT” (Artistas Visuales Asociados de Tinogasta) y el pincel, el lápiz, la historieta, se hacen bellas obras producidas por talentos jóvenes guiadas por maestros que saben organizar, producir y presentar “Muestras” que nada tienen que envidiarle aquellas de los grandes centros con jóvenes de brillante mirada entremezclada con la experiencia y el talento.

Mi irrefrenable empatía sabe que olvida a muchos más que le cantan a TINOGASTA. Olvido momentáneo que no significa nulidad de vuelo y trinar, sino por las trampas de la memoria y esta urgencia con que la palabra camina mi sangre. Pero a todos los que aman y hacen por TINOGASTA los abrazo con entusiasmo y vida compartiendo la senda conocida que sabe a paisaje; pertenencia, lucha y vocación por lo que es el terruño, la magia con que nos aferra y nos hace raíz contándolo, difundiéndolo enriqueciéndolo.

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CONVERSAR CON FALCO

CONVERSAR CON FALCO

En ciertos momentos–cuando los laberintos de la existencia se tornan inaccesibles y el pecho se transforma en un puño, como un dolor que desfigura el alma–demoro mi sombra sobre el paisaje agreste de la ciudad dormida, atravieso el umbral de mi casa, enciendo el velador de la sala y busco un libro entre los anaqueles de la biblioteca. Un libro que ocupa siempre el mismo sitio, que regresa de la madera a mis manos, de la letra a mi mente; silueta fantasmal derrumbada en la espera, en el dolor de Ser. Me integro, así, al devenir incesante de la poesía y descubro una vez más el corazón inmortal de Falco:” Donde se siente que uno está solo, /viví la noche oscura/oprimiéndome el pecho, /y un cielo de cenizas/donde olvidé quereros”. Integrado al sufrimiento que produce la insatisfacción por estar y no ser, por morir en cada golpecillo del reloj, bajo la tormenta invisible de la soledad, vacilación ingenua que nos es más que una interrogante, un pensamiento baldío de palabras, una imagen distorsionada de la muerte.” /Todo pasa en la vida. /Pasó tu inmerecida muerte. /Pasaron días y pasaron noches. /Todo pasa. /Mas yo quisiera/verte de nuevo, aunque murieras”. Y el deseo es mas fuerte que la muerte, es casi un ruego, pregunta sin repuesta, voluntad de Ser, porque como dijo Arregui estar muerto es también una manera de ser. Vuelvo recurrentemente a Tiempo y tiempo porque necesito conversar con el hombre, volver a oír su verbo, conversación conmigo, con mi inconsciente umbroso, develar el secreto de la ánimas ocultas en la sombra del cuarto: “Vienes por un camino/que mi memoria sabe, /y me detengo entonces/indagándote el rostro./…/Todo está muerto, y muerto/el tiempo en que ha vivido./Yo mismo temo a veces,/que nada haya existido;/que mi memoria mienta,/que cada vez y siempre/–puesto que yo he cambiado–/cambie, lo que he perdido”.

Volver a Líber Falco es una necesidad para quienes logramos comunicarnos con su intimidad, con la razón de su existencia en un tiempo y un espacio diferentes. Dice Heber Raviolo en el prólogo de la edición de Tiempo y tiempo de 1987: “Más que admiración, lo que despierta Falco en el lector es un estado de comunión espiritual, la sensación de sentirse consubstanciado sentimental y espiritualmente con el poeta. /…/Hay un aspecto que es imposible pasar por alto en la poesía de Falco: en una primera instancia, pocos poetas podemos encontrar, en el panorama de nuestra literatura, más atormentados, más angustiados por el soplo helado de aquellos grandes personajes, viejos como el hombre y la poesía: el tiempo, la soledad, la muerte. Pero no obstante ello, su obra reboza vitalidad y, aún en sus momentos más desolados, parece trascender una salud espiritual que transforma lo que pudo ser un desesperante callejón sin salida en un verdadero cántico de amor, de amor en la alegría y en el dolor, en la soledad y en la amistad, en la muerte y en la vida”. “Perdona, yo anduve un día, mucho tiempo, /calles y calles junto a puertas y paredes, /nadie dijo mi nombre; /sólo tú una vez, y qué locura, /para tu frente de violetas/tuve una risa de dos dientes”. Y me siento volar en aquella sonrisa, en el fondo del vaso vacío, en el conjuro de algunos demiurgos que se escapan de la dramaturgia o de la prosa introspectiva de Platón para volver a reposar sobre el callejón neblinoso de la vida. Porque la vida es movimiento, un juguete, un juego, “lo poco y lo mucho que tenemos”, los amigos son parte del Ser y también, como yo, serán nada: “Mas, se acerca el invierno que esperó tantos años. / Adiós, adiós, adiós, os saluda un hermano/ que gastó su moneda de un tiempo ya pasado. / Adiós, ya se acerca el invierno que esperó tantos años”. Sentirme solo, la mente abarrotada de recuerdos, simplemente imágenes, pensamientos que aparecen sin ser evocados, sombríos callejones con una luz apenas por salida y más allá la muerte.  Falco interrogaba a sus amigos muertos, les esperaba, deseaba oírles decir una palabra–sobretodo en su enfermedad–, volvía frecuentemente sobre el tema y también a Dios que no era Dios sino un hilo de esperanza, pálido diseño de fe:”Qué me dio Dios para gastar/ qué?, que no entiendo./…/Dadme cantar y cantando/ verterme como un río,/ por estas calles/ hacia el mar”. Entonces vuelvo al origen, a la naturaleza madre, conjuro terrenal que se siente y se eleva hacia el cielo: “También quisiera uno, / luego de tanto y tanto/ amor al aire, / que un árbol se recline/ a bebernos la frente/”. Uno de sus amigos más íntimos escribió:

Es alta noche. Hace cuatro días que murió Falco. Estoy escribiendo lejos de Montevideo. La noche y el campo me rodean. La noche–ya se sabe–tiene mucho que ver con la muerte. El campo también, se me antoja ahora, no sé si por soledad, no sé si por la tanta tierra en sí. Sobre mi mesa hay un desorden de libros, papeles, cigarrillos, tazas con restos de café, revistas. Tres revistas están abiertas en páginas con poemas de Falco. Al lado de las hojas que he venido escribiendo desde la noche del día de su entierro, hay un pequeño libro: Días y noches. Hace tres días que ese libro está al alcance de mis manos, y mis manos incontables veces lo han tomado. Tiene una dedicatoria en tinta azul: “Para Mario, un hermano, con quien hemos compartido días y noches. Con un abrazo, Falco”. (Líber Falco- Mario Arregui. 1964)

Vuelvo entonces al libro y leo:

¿Cómo diré que tú vivías,

que yo te ví,*

y que otros te miraron?”

CARLOS ANÁNDEZ.

Líber Falco nació en Montevideo el 4 de octubre de 1906 y murió el 10 de noviembre de 1955.

OBRAS:

COMETAS SOBRE LOS MUROS (Imprenta Stella 1940)

EQUIS ANDACALLES (1942)

DÍAS Y NOCHES (Imprenta Herculiana 1946)

TIEMPO Y TIEMPO (Ediciones Asir- Montevideo- 1956)

Nota: con acento en el original*

UN FANTASMA VUELVE A RECORRER EUROPA

UN FANTASMA VUELVE A RECORRER EUROPA

71ª FERIA DEL LIBRO DE MADRID

Una edición del Manifiesto comunista bellamente ilustrada por Fernando Vicente, y publicada por una pequeña editorial, Nórdica, se ha convertido en éxito de ventas durante la 71° Feria del Libro de Madrid. En circunstancias diferentes de las actuales, tal vez bastaría buscar la explicación en los innumerables caprichos que, de acuerdo con los editores, deciden la suerte de los miles de títulos que aparecen cada año. La crisis, en cambio, sugiere indagar en otra dirección: aparte de entender lo que está pasando, parecería que los lectores quieren saber si existen alternativas y en qué consisten.

Los panfletos de la indignación, siempre con sus títulos conminatorios, habrían cubierto ese espacio desde que estalló la crisis y la respuesta de los Gobiernos se ajustó de forma unánime, e imperativa, a los programas defendidos por los partidos conservadores en tiempos de bonanza. Puesto que Marx y Engels redactaron una enmienda a la totalidad del sistema capitalista hoy de nuevo en crisis, puede que detrás del inesperado éxito de la reedición del Manifiesto comunista se encuentre cuando menos la curiosidad de revisar esa enmienda y dilucidar en qué aspectos podría seguir vigente y constituir una esperanza para unos países que están perdiendo casi todas.

El segundo congreso de la Liga Comunista, celebrado en noviembre de 1847 en Londres, encargó la redacción de un programa de acción a Marx y Engels, quienes lo dieron a la imprenta en febrero del siguiente año. Las ediciones y traducciones se multiplicaron a un ritmo vertiginoso desde entonces, algunas tan singulares como la de Bakunin al ruso en 1860, y los autores no dejaron de congratularse en cada nuevo prólogo de los muchos que redactaron para presentar el Manifiesto. “Me veo, por desgracia, en la obligación de firmar solo el prólogo a la presente edición alemana”, escribe Engels en 1883, fecha en la que se produce en sutil punto de inflexión, “Marx, el hombre al que la clase obrera de Europa y de América, considerada globalmente, debe más que a cualquier otro, Marx reposa en el cementerio de Highgate y sobre su tumba crece ya la primera hierba”.

A partir de 1883, Engels desea que “figure en el frontispicio del propio Manifiesto” el reconocimiento de que pertenece a Marx, de que es una intución “única y exclusivamente suya”, la idea de que “la historia entera ha sido una historia de luchas de clases, de luchas entre clases explotadoras y explotadas, dominadoras y dominadas”. Más allá del tributo personal al amigo, Engels viene a decir en ese prólogo que, como señaló todavía junto a Marx en el de 1872, el Manifiesto debía entenderse como un documento histórico más que como un programa político. Si en 1872 los autores hablaban de la necesidad de correcciones para ponerlo al día, una década más tarde Engels, muerto Marx, da a entender que no se cree legitimado para introducirlas por su cuenta.

La condición de documento histórico que adquiere el Manifiesto a partir de 1883 le priva sin duda de su eficacia como programa político, pero le concede, en contrapartida, el atributo necesario para su éxito, la intemporalidad. El atributo suficiente derivará del género literario al que subrepticiamente se inscribe, y que es el de los relatos escatológicos para explicar el devenir del mundo. A partir de esa intuición que Engels reconoce como “única y exclusivamente” de Marx, los fundadores del socialismo científico redactan en apenas un centenar de páginas una gigantomaquia en la que el papel eterno de los explotadores y los dominadores es interpretado por el personaje de la burguesía, a la que se le opone en el papel de los explotados y los dominados, también eterno, el del proletariado.

A lo largo del Manifiesto se asiste entonces a las vicisitudes excepcionalmente bien narradas de un enfrentamiento ancestral, que evoca por momentos las del Gilgamesh y Enkidu babilonios o las de los ángeles bíblicos y sus espadas de fuego. Los hallazgos literarios del Manifiesto son tan abundantes como en los mejores poemas épicos de la antigüedad, como cuando Marx y Engels hablan del comunismo como “un fantasma que recorre Europa” o describen la crueldad que entonces imperaba en las relaciones de trabajo, igual que sigue imperando ahora, como “aguas heladas del cálculo egoísta”. Al igual que sucede con las obras que el transcurso del tiempo ha consagrado como clásicas, qué cerca y al mismo tiempo qué lejos de lo que dicen se encuentran los lectores de las sucesivas épocas.

José María Ridao – Madrid

WILFRIDO ACOSTA Y LOS DUENDES

WILFRIDO ACOSTA Y LOS DUENDES

Wilfrido Acosta Yépez, escritor carchense, presento su primera novela Los Duendes en la que relata las vivencias de Juan José, héroe de un viaje inacabado. El personaje central de una historia que conjuga la realidad con la fantasía, a quien el autor compara con Ulises de La odisea, de Homero, donde destaca la importancia de los valores humanos.

La presentación de su novela, tuvo lugar, el 5 de junio de 2012, en el teatro Prometeo de la Casa de la Cultura, en Quito.

Los Duendes es una novela; sin embargo Wilfrido Acosta también la describe como un ensayo sobre la farsa de la política mundial y, en particular, del Ecuador. Un acopio de situaciones en las que el hombre, dominado por tantas circunstancias que le agobian a diario, transita su vida sin tiempo y sin memoria. El protagonista que vive el relato, no es el hombre común, cuya vida se cierne en el vacío.

La pequeña geografía pueblerina es el sostén de sutiles experiencias vividas por el autor, en el trajín de una diaria conducta: sus luchas y sus logros que desfilan en la ruta de la frustración y el desencanto.

El autor se cuida de no desfallecer ante el desaliento de sus luchas y proyectos y lo animan unos duendes solidarios, le ponen luz presente en los recuerdos, en la añoranza de un pasado traspasado de nostalgia”, señala Hernán Alberto Herrera, en la contraportada del libro.

“Mi novela lleva el nombre de duende porque creo que aquel ser mítico representa la fuerza que empuja al hombre a desviarse de su camino; mi libro es en el fondo una especie de denuncia de quienes pedimos libertad, cultura y paz”, dijo Wilfrido Acosta.

Wilfrido Acosta, jurista y docente, de 89 años, ha escrito seis libros y fundó la Sociedad Ecuatoriana para Jóvenes Escritores. Estudió Jurisprudencia en la Universidad Central del Ecuador. Cursó un ciclo de Economía Política e Historia de la Constitución de Estados Unidos, en el Abilene Christian College, de Texas. Fue profesor de Lengua y literatura en el Colegio Mejía y Rector del Colegio Juan Salinas de Sangolquí. Fundador y Vicepresidente de la Sociedad de Escritores Jóvenes del Ecuador. Miembro activo de la Fundación Pedro Moncayo.

RAY BRADBURY… murió.

RAY BRADBURY… murió.

Marcianos telepáticos, cazadores de dinosaurios, monstruos enfermos de amor y bomberos que queman libros; recorrer espacios infinitos y padecer sufrimientos agobiadores para concluir vencido, contemplando el fin de la eternidad

Murió ayer, 6 de junio de 2012, a los 91 años, uno de los grandes cuentistas, norteamericanos, de la segunda mitad del siglo XX.

Ray Bradbury, nació en Illinois (Estados Unidos) el día 22 de agosto de 1920. Prolífico autor, escribió cuentos, guiones, novelas. Su saltó a la fama fue en 1953 con la obra Fahrenheit 451 que fue adaptada al cine en 1966 dirigida por François Truffaut, 1966), con Julie Christie y Oskar Werner

Se lo situó como uno de los grandes prosistas del siglo XX, uno de los grandes autores estadounidenses simplemente por esa prosa que no tiene parangón ni dentro ni fuera de la ciencia ficción; Fahrenheit 451 y Crónicas marcianas (The Martian Chronicles 1950), que también tuvo su adaptación en televisión en 1980, son lecturas obligadas.

El hombre ilustrado (1951The Illustrated Man), Remedio para melancólicos (1960), Cuentos de dinosaurios (1983), La feria de las tinieblas (1962 Something Wicked this Way Comes), Cementerio para lunáticos (1990 A Graveyard for lunatics), Sombras verdes, ballena blanca (1992 Green Shadows, White Whale)

Bradbury renovó el género del cuento, sea o no de ciencia ficción o de fantasía, sus relatos se sostienen por sí solos, también fue un renovador del género corto y un de sus mayores aportes; es que logró, como Anthony Burgess o Arthur C. Clarke, darle una respetabilidad al genero fantástico y de ciencia ficción como antes no lo tenía.

El narrador que lo mismo ejerció él cuento,la novela, el teatro y el guión para televisión, cine, sin lugar a dudas para las letras murió un gigante de la narrativa.

MARIO ARREGUI: CUESTIÓN DE RESPETO

MARIO ARREGUI: CUESTIÓN DE RESPETO

Mario Arregui

Mario Arregui, uno de los mejores

Hace ya muchos años en la ciudad de Trinidad, capital del Departamento de Flores- Uruguay, decidieron organizar un concurso de cuentos. El ganador se llevaría como premio la publicación de su cuento en el semanario Marcha y el segundo puesto una suscripción al periódico por un año. El jurado estaba formado por–en orden alfabético–Mario Arregui, Juan Carlos Onetti y Jorge Rufinelli. Los participantes deberían presentar tres copias a máquina, doble espacio, formato A4, en sobre cerrado, con seudónimo. Pedí prestada una máquina de escribir y con mucho esfuerzo copié un manuscrito que elegí, entre otros, con el fin de participar en el evento. Pasados algunos días me enteré que el jurado había decretado desierto el concurso, inclinándose por otorgar dos menciones especiales, que se llevarían el segundo premio; con el fin, tal vez, de alentar a los escribidores. Se me hizo saber que una de las menciones correspondió al trabajo mío que se titulaba La manifestación y la otra a un cuento del Señor A.P, corresponsal del diario La Mañana de Montevideo. Como no había comunicado a nadie sobre mi participación en el concurso, tal vez porque mi orgullo juvenil se encontraba herido guardé silencio y me presenté a escondidas a recibir el premio. Sin embargo el diario local publicó un pequeño texto con la noticia y eso fue todo.

Cierta tarde, tres o cuatro días después del fallo, llegué a casa de Mario Arregui pasado medio día. En el estudio, sentado frente a la vieja Remington, los anteojos de gruesa armazón apoyados en la punta de la nariz, el pelo entrecano desordenado, el infaltable cigarrillo entre el índice y el anular de su mano izquierda, luego de golpear la tecla de punto en la máquina, preguntó sin levantar la cabeza:

¿Qué decís, Sordito?

Como decir, nada–respondí mientras retiraba algunos libros de la silla para poder sentarme.

Anoche me las pasé escribiendo y escribiendo. Como a las seis me fui al café, me quedé como hasta las ocho y sabés…no he podido dormir. Este cuento me duele, no logro escribir un solo párrafo que encierre un poco de virtud como para ser leído por alguien.

Arrancó la hoja y la máquina crujió con un sonido casi humano, como un carraspeo, una especie de tos mecánica con cansancio de ser. Se incorporó, entonces, dio dos largas pitadas al cigarrillo y con tono señorial dijo:

Ahí, a tu derecha, está El banquete de Platón. Leo para llenar los espacios que no puedo llenar con palabras. Vaya uno a saber…Tal vez no me haya quedado claro el motivo. No es un cuento de amor, tal vez llegue a serlo, pero creo que es la historia de un tipo que mira a una mujer dormida; no tengo claro todavía quién es esa mujer. ¿Entendés, botija?

Si no me lo cuenta, no podremos saberlo–afirmé mientras hojeaba una edición de Rayuela.

Me jodió ese concurso de cuentos. No quería darle ninguna mención a nadie. El tipo que escribió La manifestación es un hijo de puta. Irrespetuoso, porque se mandó una historia sin madurar, así nomás, como jodiéndote, como que escribir cuentos es una labor elemental. Ese hijo de puta no sabe lo que es sudar para escribir un cuento. El cuento es el género más difícil de la literatura. Al viejo Onetti se le ocurrió la idea de anotar dos menciones, Jorge pensó que el cabrón, tal vez, se iba a dar cuenta que hay que romperse el culo para lograr un cuento aceptable. Del otro no te digo nada, porque para mí no vale ni la mención.

Encendí un cigarrillo, pité dos o tres veces seguidas, apoyé el Cortázar sobre la mesa de cemento y con voz firme pronuncié estas palabras:

La manifestación es mío. Elegí ese escrito entre otros. No debía decirle a usted porque mi verdadero nombre era secreto. Pero…Sí, es mío. Ese hijo de puta soy yo.

Mario se puso de pie,  apoyó las palmas sobre la mesa y con gesto de asombro, algo iracundo dijo:

¿Es tuyo? Si lo hubiera sabido lo habría hecho pedazos y a la basura. Cómo pudiste faltarle el respeto al cuento. ¿Has escrito otras cosas?

Cosa de pendejo, Mario, pero sí tengo otros trabajos.

Mañana los quiero aquí, voy a leerlos y te juro que los tiraré a la basura.

Acudí a la cita con mi carpeta de escritos bajo el brazo. Mario seguía tras la máquina, sin rasurarse, las horas de insomnio le habían palidecido el rostro, las letras de plomo golpeaban la cinta con aire sincopado, las pilas de libros se desvanecían entre el humo del tabaco y la siesta se colaba por la estrecha ventana convertida en melodía atonal en el canto de los pájaros. Saludó, estiró su brazo derecho, arrastró el tacho de basura–completamente lleno de bollos de papel–extendió su mano hacia mí y ordenó:

Esos escritos. Quiero esos manuscritos.

Le entregué la carpeta y leyó en silencio. Muy lentamente fue apilando las hojas en orden, con cuidado, y cuando terminó se quitó los anteojos y mientras encendía un cigarrillo dijo:

Tienes varias historias, algunas válidas, otras necesitan fe para ser válidas. Tienes historias, pero no tienes cuentos. Ahora debes escribir los cuentos. Uno por uno, párrafo por párrafo, quitándole todo lo que sobra, agregando aquello que resulte necesario. Debes emprender la tarea cuando sepas exactamente la historia desde principio a fin; luego debes preguntarte si es creíble, si es posible, si los personajes existen o comienzan a existir. Debes preguntarte una y otra vez si tú crees la historia, si realmente sabes la historia, si conoces a los protagonistas; si te encana la muerte en tu historia no la falsees, déjala entrar como si fueras a mimarla y luego simplemente síguela. Nunca te olvides del idioma, del idioma que hablas, de la palabra exacta que debes utilizar. No es lo mismo decir tetas, que decir senos o decir mamas. Una palabra… existe una palabra para definir aquello que quieres decir; el lector espera que le cuentes, que no le dejes espacios vacíos, que no le aburras. El cuento es un género difícil, debes abordarlo con respeto, con sinceridad, con astucia; pero, ante todo, tienes que lograr un clima, una atmósfera y allí sumergir al lector. No es necesario que te inventes una sorpresa, pero el fin debe caer a plomo, sin sobrantes, preciso, como un golpe en la nuca. Nunca abordes un cuento previsible, una historia elemental, que no crezca, que se deteriore en sus primeros párrafos. No compliques la historia con personajes que no puedas definir en toda su grandeza y humanidad. Tus personajes son en cuanto sean; parte sustancial der Ser del que vos también sos parte. Horacio Quiroga escribió un decálogo del buen cuentista, te convendría leerlo. Poe es fundamental, es necesario releerlo y analizar párrafo por párrafo. Nunca copies a nadie, el que inventó una metáfora es un genio, el que la repitió un idiota. No te fíes de los cuentos escritos por novelistas, porque a veces tienen sobrantes. Esto que te digo no es mío: la novela es cuestión de posaderas. Si deseas irte por las ramas escribe novela, no escribas cuento. El cuento debe ser breve, como dice Poe, debe poder leerse de un tirón. Hay excepciones, claro, El perseguidor de Cortázar ocupa ochenta páginas que te mantienen expectante. No, no me decepciona la novela, simplemente creo que el cuento es parte de otra narrativa; mucho más precisa.

Volvió Mario a su Remington. Necesitaba construir el cuento que había concebido y a medida que escribía la lata se rebozaba de bollos de papel. Tal vez en la madrugada, sentados a la mesa del café, le veríamos llegar con el cigarrillo en los labios y antes de sentarse nos diría:

Escribo el mejor cuento de mi vida.

CARLOS ANÁNDEZ.

MARIO ARREGUI nació en Trinidad Departamento de Flores, República Oriental del Uruguay el 15 de octubre de 1917 y murió en Montevideo el 8 de febrero de 1985 a la edad de 67 años.

En 1935 ingresó a la facultad de derecho para abandonar más tarde.

Durante la dictadura de Gabriel Terra y en las repercusiones de la guerra civil Española adhiere al Partido Comunista.

En 1938 visita Argentina y Paraguay.

Durante 1945 a 1946 visita cafeterías y entra en contacto con la llamada generación del 45: Juan Carlos Onetti, Francisco Espínola, Carlos Maggi, Ángel Rama, María Inés Silva, Amanda Berenguer, Carlos Denis Molina, Líber Falco y otros.

En 1947 se casó con Gladys Castelvecchi.

Desde 1957 a 1971 militó en el Frente Izquierda de Liberación fundado por el Partido Comunista del Uruguay.

En 1971 viajó a Europa y visitó Francia, Checoeslovaquia, España y fue jurado de Casa de las Américas en Cuba.

En 1977 es encarcelado, torturado y su cautiverio se prolonga por ocho meses.

OBRAS:

NOCHE DE SAN JUAN. 1956

HOMBRES Y CABALLOS. 1960

LA SED Y EL AGUA. 1964

LA PUERTA ABIERTA. 1966

TRES LIBROS DE CUENTOS. 1969

EL NARRADOR. 1972

VEINTE CUENTOS. 1978

LA ESCOBA DE LA BRUJA. 1979

LÍBER FALCO. 1984 re edición 1980

RAMOS GENERALES. 1985

CORRESPONDENCIA 1981-1985. 1990

LOS MEJORES CUENTOS. 1996

AUTORES DEL NORTE ARGENTINO.

AUTORES DEL NORTE ARGENTINO.

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Desde el norte Argentino nos llegaron dos libros de cuentos: NUEVE CUENTOS DEL NORTE del profesor Luis Aberto Taborda y EL DUENDE DEL MANDARINAL de Rubén Cecilio Garrido. La obra de estos escritores Catamarqueños es poco conocida o desconocida por estos lugares de la Argentina. Son obras nacidas del esfuerzo colectivo, de la lucha diaria por comunicar, educar, aprender, que hombres y mujeres del interior de este país emprenden con coraje y decisión.

Luis Alberto Taborda nació en La Rioja, República Argentina, “vive y pervive”–se lee en la solapa de su libro–en Tinogasta, Catamarca. Ha transitado diferentes géneros literarios: poesía, aforismo, cuento, historia local. Publicó LA QUEBRADA DEL RÍO DE ARRIBA, LA OVEJA REBELDE, LA GOLONDRINA SEDENTARIA, KAKAN, CUADERNO DE VIDA, CUESTIONES IMPERTINENTES, ANTIGAL, EL VINO VERDADERO, EL DESALEJADO, CINCUENTA Y SEIS, ALPARGATAS DE VAN GOGH, AMO IDIOTA ATÓ IDIOMA (aforismos), LA BALADA DE PLATA (aforismos).

Rubén Cecilio Garrido nació en Maldonado, República Oriental del Uruguay, el 16 de febrero de 1948. En 1978 ingresó a la República Argentina, recorrió gran parte del territorio y se radicó en Chumbicha, departamento Capayán, en 1990. Allí se casó con Rosa Quintero, nativa del departamento, y se enamoró, además, de la inmensa cultura norteña. Hoy es un paisano en aquellas tierras, hombre conocedor de los misterios, fábulas, canciones, historia, de los lugares despeinados por el viento sonda. Autor prolífico, a la vez editor, ha publicado: CUENTOS PARA VER, CUENTOS PARA VER SEGUNDA PARTE, BREVE ENSAYO DE LA HISTORIA DE CHUMBICHA, MURMULLOS DEL VIENTO (POEMAS), POSTALES DEL CAMINO REAL, SIMPLEMENTE, SEGÚN PASA LA VIDA, CHUMBICHA, su fundador e historia, SELECCIÓN DE CUENTOS, EL CANTAR DE LA ACEQUIA, ATARDECER, DE LUCES Y SOMBRAS, CHARQUITOS DE LUNA, MONTAÑAS Y CIELO, POEMA PARA EL HIMNO A CHUMBICHA, CORAZÓN DE BARRO, NOCTURNAL EN POEMAS Y RELATOS, SINTONÍAS DEL ALMA( con Juana Águeda Acosta). Ha participado en múltiples encuentros literarios ya dentro de Catamarca como en otras provincias, así como en publicaciones relacionadas en el norte de Argentina. Garrido asimiló la cultura norteña a tal punto que podemos llamarle escritor norteño y no escritor uruguayo, ya que su identidad se inscribe en aquel paisaje.