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QUINTETO COHESIÓN

QUINTETO COHESIÓN
Quinteto Cohesión

Quinteto Cohesión

Caricatura Quinteto Cohesión

Caricatura Quinteto Cohesión

Por los años noventa quedó definitivamente conformado el Quinteto Cohesión con cinco jóvenes Camajuanenses que se las traían guardadas muy en serio:

CARLOS RIUSECH LÓPEZ, tres.

EMILIO CORRALES, percusión.

JUAN HERNANDEZ, bajo

GIRALDO MORREL, vocales

JESÚS LINARES, trombón y dirección.

Como adelanto y ante la inmediata aparición del libro Músicos Camajuanenses en la Memoria de Jesús Linares, Editorial Bauprés cumple con los memoriosos para entregar un poco de nostalgia.

UNA NOCHE DE PARRANDA.

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UNA NOCHE DE PARRANDA.

Por: Annia Linares Gutierrez

Era una noche de agosto, y aunque el calor sofocaba la atmósfera, sintió un ligero escalofrío. Volvió a sudar copiosamente, como si fuera a desmayar, pero se contuvo en un esfuerzo casi sobrehumano.

Recordó entonces la primera vez que vio los fuegos artificiales de cerca. Su padre le había dicho que se colgara con su manecita de tres años de la trabilla de su cinto mientras él tocaba en el “changuí”, y que ese día iba a perder su miedo.

Ella no entendió muy bien, pero obedeció mientras los cantos atronadores de los fanáticos se disputaban la supremacía: “San José para qué tú cantas, si tu canto no tiene melodía, tú eres como la lechuza, que abandona el coro a la luz del día”, y detrás el canto de los contrarios: “Santa Teresa mira, este barrio como va, Santa teresa mira, este barrio como va, es San José, es San José que arrollando siempre va”.

La experiencia fue sobrecogedora. En medio de aquel alboroto inmenso caminó con todos los temores que se podían albergar a su corta edad. Al fin cesó el ruido de los metales y se dispersó un poco la multitud. Todavía algún fuego artificial interrumpía la quietud del cielo, pero no se comparaba con la confusión que imperaba unos minutos atrás. Cuando su padre volvió la cabeza para mirarla, ella tenía los ojos espantados, enormes, pero le dijo que ya no tenía miedo de los voladores. Fue una cura brutal, se podría decir casi literalmente que era su primera prueba de fuego.

Después de eso salieron a caminar. En el primer puesto de ventas que encontraron, se hizo comprar siete granizados y se los tomó, como dicen en el campo, a cun-cun, sin respirar. Casi acto seguido los vomitó en una mezcla espantosa de colores y sabores para luego irse a dormir.

Nunca olvidaría aquella experiencia, pero desde ese mismo ano aprendió a bailar al compás de los tambores que mezclaban sudor negro y blanco, tradición española y africana, al calor de los fuegos de la parranda.

Ahora se encontraba, por primera vez en su vida, encima de la carroza de su barrio – los chivos – con un disfraz de dama de la corte francesa que le comprimía hasta los nervios. Eso si nunca lo pensó. Sin embargo, allí estaba, con toda aquella gente mirándola, con los voladores atronando a sus espaldas y la labor de los artistas del barrio sobre su cuerpo convertida en maquillaje, vestuario y color.

Daría cualquier cosa por aferrarse, en ese mismo instante, a aquella trabilla de cinto salvadora, por pasar el susto y tomarse todos los granizados de este mundo y vomitarlos junto con su miedo. Cerró los ojos para concentrarse en estas nuevas sensaciones y pensó que para ella, sería siempre una nueva sorpresa cada noche de parranda.

MÚSICOS CAMAJUANENSES EN LA MEMORIA

MÚSICOS CAMAJUANENSES EN LA MEMORIA

Editorial BAUPRÉS anuncia, para este mes, MÚSICOS CAMAJUANENSES EN LA MEMORIA de Jesús Linares, en formato digital. La obra se circunscribe al territorio de Camajuaní, Villa Clara, Cuba. No es un compendio de historia de la música de la región, ni de sus músicos; es un relato basado en recuerdos y documentos que el maestro Linares atesoró por muchos años. Su vida en la música, su carrera profesional como instrumentista y arreglador le permitieron conocer innumerables agrupaciones musicales, bandas, conjuntos, vocalistas, instrumentistas. Por consejo de amigos Linares aborda la tarea de escribir estas memorias que hoy EDITORIAL BAUPRÉS hace llegar al público con esmerado diseño y guardando el estilo sobrio, natural, que hace de esta obra un documento esencial.

Para que usted comience a disfrutar de la obra vaya este adelanto:

ARMANDO ROMEU Y LOS MÚSICOS CAMAJUANENSES.

Armando Romeu y González es una figura emblemática de nuestra música, no solo porque es parte del clan de la familia Romeu, sino porque ha sido– sin duda alguna– el máximo difusor en Cuba de aquel género al que, tal vez, se hubieran adherido Bach o Mozart: el Jazz.

Armando, sobrino del legendario “mago de las teclas” Antonio María Romeu, hermano de Mario Romeu –director por décadas de la orquesta del Instituto Cubano de Radio y Televisión– padre de ese magnífico vibrafonista que es Armandito Romeu, tío de Mayito Romeu, excelente guitarrista de rock y también tío de la reconocida y brillante directora de orquesta Zenaida Castro Romeu, líder y fundadora de la sobresaliente agrupación de cámara femenina que es la Camerata Romeu, aprendió a ejecutar la flauta a muy temprana edad en la Banda Militar de Regla que dirigía su padre. Posteriormente trabajó como suplente del flautista de la popularísima orquesta de su tío interpretando la “crema y nata” del repertorio danzonero. En 1924 tocaba en el Jockey Club donde alternaba con la banda de Jazz del norteamericano Ted Naddy. Tuvo allí la oportunidad de escuchar y enamorarse del Jazz que estos interpretaban. Llegó a comprarle el instrumento a uno de los saxofonistas de Naddy y poco tiempo después tocó con su banda, que regresó de gira por nuestro país.

Según criterio del reconocido maestro Mario Bauzá, Armando, si no hubiese sido un brillante pedagogo, se hubiera destacado igualmente como ejecutante del saxofón. Con Bauzá tocó en la orquesta del Cabaret Montmatre y ya en 1933 lideraba su primera banda y en 1940 fundó la Orquesta Bellamar, que en 1942 se convertiría en la orquesta del archifamoso Cabaret Tropicana; con la que acompañó a importantes figuras de la época como Nat King Cole. Al frente de dicha orquesta grabó la mayor parte de los temas que aparecen en su disco- en castellano– y Romeu fue el arreglista del conocido Quizá, quizá. Por estos años, que el maestro estuvo al frente de la Orquesta del Tropicana, algunos músicos Camajuanenses como los profesores Lázaro Rivas León, trompetista y Ovidio Mujica, trombonista, tocaron eventualmente como suplentes bajo su batuta.

En la década de los sesenta, en plena etapa revolucionaria, el maestro pasa a dirigir la Súper Big Band- que creara por aquel entonces el Consejo Nacional de Cultura con el nombre de Orquesta Cubana de Música Moderna- de la que formaron parte figuras que hoy son leyendas del Jazz como Paquito D’Rivera, Chucho Valdés, Arturo Sandoval o Carlos Averhoff. Entre los miembros fundadores de esta Súper Banda se encontraba el destacado trombonista Camajuanense Modesto Echarte; poco después, el maestro, formó parte del Departamento de Enseñanza Artística del Ministerio de Cultura donde se desempeñó como metodólogo. Llegó a tener más de mil estudiantes matriculados en el curso de orquestación, Taller de Música Popular, que dictaba por correspondencia gracias a una licencia de la Berklee School of Music que le permitió traducir dicho curso al castellano y al braille. Entre sus alumnos se encontaban Lázaro Rivas León, Director de la Banda Municipal de Conciertos, los trompetistas Conrado Delgado y Juan de Dios Gómez, Heberto Casanova, pianista, Osvaldo Torres Bulit, trombonista y este servidor.

Armando nunca dejó de hacer jazz y con frecuencia viajaba hasta la ciudad de Santa Clara para montar y presentar conciertos de este género con la Orquesta de Música Moderna de Villa Clara, Monumental Jazz Band, que fuera orgullo de todos los Villaclareños hasta que a inicios de los noventa desapareciera como consecuencia de la crisis socio económica conocida como Período Especial que conmovió a nuestra querida Patria. De aquella banda formaban parte músicos Camajuanenses como el pianista Heberto Casanova, los trombonistas Marcos Peñate, Osvaldo Torres o Ismael Monterrey, los trompetistas Lázaro Rivas, Guillermo Acosta o Conrado Delgado Camajuanense por adopción.

A mediados de 1988, Armando Romeu, presidió el jurado del Festival Rodrigo Prats in Memoriam en la ciudad de Sagua la Grande. Tuve, entonces, la dicha y el honor de ser invitado junto a mi colega Eliot Porta–también Trombonista– a liderar la sección de trombones de la orquesta del festival, que la noche de clausura, presentó un Petit Jazz Concert bajo la batuta de Armando Romeu interpretando clásicos del género como Take the A Train o Night in Tunissia. Quizás me resten nombrar algunos músicos de nuestro querido pueblo que tuvieron relación profesional con aquel pionero del jazz en nuestro país. Es posible que Osvaldo “el Chino” Casanova también haya sido parte de los músicos actuantes.

Tal vez, este pequeño trabajo, sobre la relación profesional entre músicos Camajuanenses y el maestro Romeu, sirva como homenaje a este baluarte de la Cultura Universal y en particular del Jazz en nuestra Patria.

JESÚS LINARES

LA MÚSICA CUBANA: ANÉCDOTA Y TESTIMONIOS.

LA MÚSICA CUBANA: ANÉCDOTA Y TESTIMONIOS.

Jesús Linares

PROFESIÓN DE FE: JESÚS LINARES, DON NADIE.

Cierta tarde–cuando el sol se escurría entre los edificios de la Ciudad de Buenos Aires y una luna fría, insuficiente, pálida, se mostraba apenas sobe el negro mantón de la noche de otoño–un hombre dialogaba con la Muerte. Sentado sobre el cemento helado de un banco clavado en una esquina de la Avenida Paseo Colon, el mentón sumergido entre las manos, los ojos vueltos hacia adentro, las piernas separadas, inmóviles como ramas marchitas, los pies agotados por la marcha sin destino, el hombre planificaba su manera de llegar al suicidio. Morirse en calma, con esa indignidad que nos enfrenta al episodio de angustia, a la desprotección imponderable de exponerse ante la voluntad arrebatada por el no-ser imaginario, inventado, definitivamente falaz. Enfrente colgados a unos contenedores de basura, unos pequeños niños se repartían la comida que otros habían desechado; correteaban en derredor de la basura derramada en la acera y reían con aparente felicidad. El suspiro metálico de la ciudad desempañó los ojos vidriados del hombre y los movimientos de aquellas figuras golpearon en el alma tallada en cristal y una melodía despertó su cerebro en pausa. Entonces–sin pensarlo, apenas guiado por el instinto–buscó entre sus ropas el lápiz y en un papel cualquiera dibujó un pentagrama y anotó la música. Buenos Aires, repartiendo la bolsa se llamó el tango que le salvó la vida al compositor Cubano Jesús Linares. En el año 2000 había dejado su Camajuaní natal para emprender una carrera apresurada por algunos países de nuestra América del Sur. Chile primero, Argentina después le recibirían sin afecto, sin posibilidades ciertas de trabajo y su moral se debilitó hasta el límite de la angustia. Pero Linares vino al Sur en busca de la Música; vino a beber en el vaso de la armonía de estas tierras, a escuchar cantores populares, a conversar con los músicos que se presentaban en las calles, en las galerías del subterráneo, en la estaciones de ferrocarril. Hombre sensible, poeta melodioso, prisionero de su esperanza, clérigo de su propia religión, obrero en clave de sol, se encontró sin trabajo–si hasta comió en un hospicio–y creyó que su fin había llegado. Su familia le esperaba en Villa Clara, en el pueblo de Camajuaní y su retorno sin dinero era imposible.

Cierta mañana, mientras estacionaba mi moto frente a un edificio de la calle Doblas al quinientos del barrio de Caballito, me encontré con un hombre que lavaba la vereda. Como debía acceder al edificio, ya que realizaba servicios de desinfección, pregunté por la encargada y el hombre dentro de su guardapolvo gris me respondió que se encontraba de licencia. Me abrió, realicé mi trabajo y al despedirme le pregunté su nombre:

Jesús Linares–me dijo y agregó–estaré aquí por poco tiempo.

Todos los meses me encontraba con Jesús y fuimos intercambiando palabras y conocimos nuestros pasados. Un día me acercó una partitura–arreglada para saxofón tenor–y me explicó que era compositor. Al leerla comprendí que aquel humano, que oficiaba de asistente de encargado de edificio, tenía un alma para descubrir y me afané por conocer su obra y las partituras comenzaron a llegar a mis manos: Buenos Aires, repartiendo la bolsa, Como un Danzón, Blues para una foto, A litte squirrels, On mask… Así compartíamos momentos inolvidables en el sótano con su guitarra o con la boquilla del trombón que guardaba celosamente en el bolsillo para poder practicar la embocadura. Cierto día continuó su marcha por América; visitó Uruguay, Brasil y fue a parar a Miami–donde le pusieron traje de presidiario–para, después de múltiples trabajos, radicarse en Puerto Rico y realizar un Bachillerato en Educación Musical en el Conservatorio de Música Estatal. Claro que antes había presentado su disco Mr. Nobody con Yan Carlos Artime, piano, Ramón Vázquez, bajo, Efraín Martínez, batería y como músicos invitados: Ramón Moncho Ríos, Domingo Arangú y otros.

Jesús “Chu-Chu”Linares es un estudioso, ha sacrificado su vida al servicio de la música, viaja permanentemente a Cuba a visitar a su Esposa, hija y nieto así como a multitud de amigos músicos que no dudan en ofrecerle un sentido homenaje que se prolonga en el tiempo de los seres condenados al oficio del arte. Como tributo a estas tierras sureñas compuso tres temas–en los que tengo el placer de compartir la autoría–Tu canto, tributo a Víctor Jara, Canción del viento, homenaje a Mercedes Sosa, Y que Vivan, testimonio a la amistad y un esbozo de su, como diría Caetano Velozo, “corazón vagabundo”.

 CARLOS ANÁNDEZ, Buenos Aires, mayo de 2012.

 JESÚS LINARES:

Nació en Camajuaní Provincia de Villa Clara, Cuba, el 13 de abril de 1955. Ya en su adolescencia compone con su guitarra temas de música folklórica. Se une al grupo QUIMATZÍN para el que compone temas de estilo sudamericano. Integra diversas bandas de Rock, Funk. Es parte de las bandas: DIVERSAS RAZONES, 20 AÑOS DESPUÉS.

Estudió Médico Veterinario en la Universidad Central de Villa Clara.

Tocó bajo.

Trombón con LOS HITACHIS, hasta 1983.

Se transforma en músico profesional:

BANDA MUNICIPAL DE CONCIERTOS DE CAMAJUANÍ.

Como Trombonista inicia estudios a nivel medio en el CENTRO DE SUPERACIÓN PROFESIONAL DE SANTA CLARA (adjunto al CONSERVATORIO IGNACIO CERVANTES), se gradúa en 1989.

Estudió armonía y orquestación con el Maestro ARMANDO ROMEU.

Desde 1989 a 1996 ejerce como profesor en el PALACIO DE CULTURA DE CAMAJUANÍ.

Integra la BANDA DE CONCIERTOS y las agrupaciones VISIÓN CENTRO, GUAYACÁN, QUINTETO COHESIÓN.

En 1997 es asistente del solista de trombón en la ORQUESTA SINFÓNICA DE VILLA CLARA.

Parte para América del Sur en el año 2000.

Acaba de finalizar su nuevo Bachillerato en Educación Musical en el CONSERVATORIO DE MÚSICA ESTATAL DE PUERTO RICO.

Actualmente se desempeña como Profesor Titular de Música.

 Se puede escuchar su música en