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ESCRIBIR EN TINOGASTA

ESCRIBIR  EN  TINOGASTA

Juana Águeda Acosta

Lic. Juana Águeda Acosta
Proyecto Cultural”Allpa-Súmaj” (Tierra linda)
Tinogasta. Provincia de Catamarca.

Escribir. Inefable anhelo de los que caminan con el espíritu alerta transitando senderos de inspiración e imaginación. Escribir. Intentar aferrar la esquiva palabra. Ordenar emociones. Arracimarlas. Darles vida en la blanca cuna del papel que espera desafiante y misterioso.

Escribir en Tinogasta… sinónimo de osadía y coraje. Escribir reconociéndose en el sentimiento que explota auténtico y urgente. Beberse el paisaje en sus tardes, sus noches y sus mañanas. Andar la historia de la gente, percibiendo el amor, la alegría, la tristeza, la soledad, la impotencia, la pobreza, la orfandad, la indiferencia. Y con valentía inalienable, responsabilidad señera, sin técnica alguna, escribir. Hacerlo desde el sentir y la voluntad por contar del pueblo al que se conoce, vive, sufre y celebra. Escribir desde Tinogasta y por Tinogasta, en el firme anhelo de contar a los otros lo que ya es en uno, marca indeleble, un palpitar urgente exigiendo espacio, mensaje. Decir de Tinogasta aceptando la simpleza de sus calles, su gente hermosa, sus aciertos y desaciertos. Su alta bandera cuando asume el destino de batallar el rótulo de “país interior” cansino y confundido en el conflicto que margina sueños y voluntades envejeciendo esperanzas.
Escribir en Tinogasta donde la CULTURA es una fruta que muchos buscan saborearla madura por la savia del esfuerzo personal, manos unidas, voluntad y talento al servicio del terruño.

TINOGASTA, donde un riojano de nombre Luis Taborda llegó un día con un racimo de anhelos y una pletórica alforja de sueños. Nos enseñó a mirar y querer de otra forma a nuestro Tinogasta. Un pueblo atento que una vez por año se llama “ALLPA-SÚMAJ: Semana de la Cultura” (Tierra Linda) celebrando la pertenencia a través del arte popular, simple, artesanal, con aroma a trabajo, voluntad y amor por enaltecer lo que conmueve el espíritu desde lo cotidiano y lo insondable de la inspiración. TINOGASTA donde el “Gringo “Ramón Sierralta es más poeta y más pueblo allá en el cielo de los limbos eternos crea versos para su “Coya Rezongón–libro–y los reparte en nube, cielo, espacio y silencios. Donde Don Tomás Murúa grita su tristeza porque aún no aprendimos a cuidar el algarrobo; un coplero de nombre Juan Aguirre saluda al “Gigante dormido”–leyenda regional– con coplas que brotan con la fuerza y la naturalidad del viento. Donde un soñador llamado “Kelly “Carrizo, inventa caminos y llama cada año a un “Encuentro de Escritores y Poetas” que llegan de Argentina y países limítrofes con un racimo generoso de cuentos, versos canciones. Los Artesanos con su abanderada, Alaciar Andrada tejen con hábiles manos sus sueños con hilos de poleo, mimbre, esculpen la piedra como acariciándola, soñándola forma y mensaje. Una dulce maestra jubilada: Vilma Quintar descubrió un día que ya no tenía a sus niños para educar y, asumiendo su sentimiento, lo llevó al papel y–aún más– lo convirtió en libros donde la memoria oral adquirió su valor enorgulleciéndose de lo que realmente es, en el eslabón infinito de la construcción de la cultura. Y otros siguieron su derrotero. Y así un ex docente Don Héctor Rodríguez fructificó su tiempo y se fue por el recuerdo para recuperar senderos donde el Bien común fue norte y guía de su vida construyendo por Tinogasta.

Y entonces ella, Tinogasta por momentos, es sólo una niña primorosa que se celebra con la belleza de la palabra. TINOGASTA es un pueblo que hace Cultura como un mandato natural. Y cada año una “urpilita”(paloma) de nombre Celia Sarquís con sus largos brazos culturales nos llama cada año bajo el manto de la Virgen del Valle y con un grito que por sobre algarrobos, talas, olivos y viñas, nos reúne en una “Feria del Libro “donde Tinogasta acude, como el río pletórico que va buscando el mar. Se une a otros duendes que aman los libros y pregona los sentires de esta tierra que bendice el alma generando sentimientos insondables que alimentan la pertenencia y el goce con lo propio. Y como si fuera poco un día, en alguno de los encuentros llegó un duende uruguayo, Rubén Garrido para contagiarnos su vocación de “hacer libros”. Publicar. Dar a conocer un ramillete de palabras que los tinogasteños escribíamos y acumulábamos sin atrevernos a publicar ni a contar a otros. Tinogasta que cobijó un día un arlequín llamado Héctor Aybar se hizo movimiento, tierra, viento, creación y alimentó un sueño con voluntad, trabajo, perseverancia. Ante la sordera consciente del “no se puede” sembró en el alma de muchos niños, jóvenes, el amor por la Danza. Luego extendió sus brazos a otros duendes del camino que creían en la danza como arte y expresión del sentimiento y los reunió en Tinogasta en aquel mes de enero que marcó un Encuentro de voluntades de maestros de danza, padres, alumnos y el pueblo todo; recibiendo a jóvenes y niños de todo el país, demostrando con ello que sí se puede cuando se unen voluntades. Fiesta que repitió en tres oportunidades y hoy se continúa con la actividad local de su escuela de Danza llamada “Fortín sureño” (su director provenía de esa Escuela, en el sur del país)

Tinogasta es cultura en sus músicos y cantores populares con alma acostumbrada a sentir con sencillez y autenticidad. El teatro vocacional se expresa en “Ilusiones” y “Soñar despierto”. Grupos vocacionales que, bajo la conducción de una soñadora eterna, Enriqueta “Pochita” Robles, hacen del teatro con obras de autoría propia, creando situaciones en un contexto propio, conocido, engalanado por la imaginación creadora que cuenta bellísimas historias de gente común pero con altos valores y un mensaje en los labios de actores, que son gente cotidiana que enriquece su vida a través del arte. TINOGASTA, se perfila hacia un futuro donde su gente lucha por construir, difundir y defender su cultura, buscando oportunidades para mostrarse como lo que es: pueblo y coraje.

TINOGASTA, hace Cultura a paso lento pero firme, uniendo voluntades y sensibilidades. Así nace “AVAT” (Artistas Visuales Asociados de Tinogasta) y el pincel, el lápiz, la historieta, se hacen bellas obras producidas por talentos jóvenes guiadas por maestros que saben organizar, producir y presentar “Muestras” que nada tienen que envidiarle aquellas de los grandes centros con jóvenes de brillante mirada entremezclada con la experiencia y el talento.

Mi irrefrenable empatía sabe que olvida a muchos más que le cantan a TINOGASTA. Olvido momentáneo que no significa nulidad de vuelo y trinar, sino por las trampas de la memoria y esta urgencia con que la palabra camina mi sangre. Pero a todos los que aman y hacen por TINOGASTA los abrazo con entusiasmo y vida compartiendo la senda conocida que sabe a paisaje; pertenencia, lucha y vocación por lo que es el terruño, la magia con que nos aferra y nos hace raíz contándolo, difundiéndolo enriqueciéndolo.

EL SER EN OTRO COMO VOLUNTAD Y DEBER. JUANA ÁGUEDA ACOSTA

EL SER EN OTRO COMO VOLUNTAD Y DEBER. JUANA ÁGUEDA ACOSTA

Juana Águeda Acosta

Soy polvo de tiempo

Soy cansancio de vientos.

Soy mar enloquecido,

en sangre y savia.

Soy playa solitaria

Por ignotos conciertos,

inundada,

Soy azul existencia

Y mi alma: misterio y vivencia.

SOY: de Sintonías del Alma – Capacñan, 2006.

El año pasado cuando abrí la encomienda me encontré con un sobre de papel madera que contenía una cartita–de puño y letra, prolija–que decía lo siguiente: “Acá entre viñedos, olivos y agua fresca por las acequias hacemos el esfuerzo de Publicar con todo lo que ello significa en estos lugares tan lejos de las oportunidades y las posibilidades.

Me gustaría saber de lo que hacen ustedes, que adivino debe ser hermosamente vocacional y auténtico como lo nuestro.

¡Un abrazo! Espero vuestra opinión sobre: ¡Nuestros hijos, los libros! ¡Gracias!” Juanita Acosta.

Me encontré varios libros que representaban casi toda la obra de una mujer Tinogasteña, que me había conocido por referencias de terceros, y que no dudó en enviarme con aquel pedido epistolar: “espero vuestra opinión…” Aquellos libros llevaban la marca impresa del trabajo manual, el sello inconfundible del artesano, que corta, cose, pega; pero antes elabora dibujos esperanzado sobre el papel y estudia los poemas para homenajearlos con la imagen reflejada en el espejo circular de su alma. Claro que allí también estaban los poemas, la poesía de Juana Acosta que esperaba impresa–debajo de las tapas brillantes–como testimonio ineludible de la disputa diaria por sobrevivir, comprometida con la voluntad de ser y hacer en privilegio de los semejantes. Porque la poesía de Acosta nos entrega el alma del autor en cada verso, como si al leerla dialogáramos con el espíritu de quien la ha escrito. Posiblemente también podríamos encontrar allí a una pequeña niña de nueve años de edad, que en la Escuela Normal Nacional número cinco, recibió su primer premio como escritora o aquella que con sus trece años, ante el auditorio de la Escuela Normal de Maestros de Tinogasta, leyera su primer poema. Pero, aun hoy, Juanita Acosta nos sigue leyendo su primer poema, porque Acosta escribe por necesidad, por ansias, por decreto divino, porque su Dios nos trasciende desde sus versos y es naturaleza, vida y sobretodo amor. Amor que no se parece a una invocación Platónica, sino a un quehacer voluntario, casi en los límites de la obstinación, en el terreno de la imponderable necesidad de Ser. /Ay! Luna, si me dijeras por qué/ el amor se desvanece a veces / (…)/ Si cuando amamos somos cielo; / nos nacen alas y no lo sabemos/; Hacerse un ángel ignorado por sí, pero parte de un todo celestial al que pertenece y se sabe parte. /He curado mi corazón valiente/ de lacerantes heridas que nunca comprendí/ por qué lastimaron mi andar si solo amor/ a la risa o la lágrima ofrecí. / Amor ofrecido para gozar, para sufrir atado a la pasión terrenal que nos obliga andar sin remedio, soportar la carga, el dolor, el desasosiego. Pero Acosta no desanima, lucha, sobretodo busca el otro, se entrega en la búsqueda y escribe con la pluma del pecho: / La insondable magia/ de aferrarse a otra mano, /estalló noche adentro/ junto al suspiro del verano/. Piensa en otro, busca fuera de la unidad dialéctica y entonces duda:/Quisiera hablarte de la tristeza/ que hace muchas lunas me invade/ (…) /Y de pronto siento que es inútil/ esperar una luz que ya no tienes/. Tal vez haya encontrado en su vocación de servicio–porque Acosta es enfermera de carrera–el secreto de la materialización del Ser espiritual, como pasión que se transporta cual la cruz hasta el calvario cotidiano, como una ofrenda demasiado dolorosa, como la mano de Dios a través de Cristo; en un paisaje rebozado de verdes, rojos, grises, dorados, armonizado en bocas que bebieron la miel de los racimos. Toda la naturaleza desborda a la poetisa, la torna esperanzada, fiel a su existencia y todo su presente es un lienzo inmaculado en la luz de la luna. / Tinogasta está de fiesta en vino y poesía/ ¡Es tiempo de la luz y del verbo “Amar”, / la siembra!/. Por años Acosta a escrito sin interrupciones, salvo a las que le obligara su salud o la de su madre, sujeta a la necesidad de atarse al papel para dejar su alma en verso y ha publicado una obra importante para su tierra, para sus iguales y al fin lograr trascender en el deber y la entrega: / Quisiera amanecer un día con las manos/ pintadas de libertad y unívoca bandera/ Quisiera ser águila esbelta por cielos sin fronteras;/ crear un lenguaje y contagiar a todos mi quimera./ ¡ Sentir al ocaso…que dios tomó mi sueño/ y lo lleva en su cruz, pureza y diadema!/ Militante, guerrera celestial, la poetisa apela al idioma universal, a la lengua única–sin desafiar la muerte, incluso aceptando el fin–pero se impone un ruego, una plegaria por la salvación de los hombres. ¿Es posible llegar más lejos? Mas lejos de la muerte, del fin, de la blanca mortaja, puede llegar la poetisa en el viaje de su alma entregada a su Dios en holocausto, adorando con los pies sobre el surco, con las manos atadas a la pluma y también es posible trascender en el otro, en el niño que nace con su destino impreso: / ¡ Ha nacido un Niño germinando esencias!/ Y la Vida que ya es tiempo y mañana,/ desde el milagro de su verbo/ despliega el azul para nutrir sus alas./ El tiempo– mecanismo esencial de la Historia– como pasado, presente y futuro, aparece en Acosta en la interpretación del presente como cimiento del acontecer futuro y es el acto de nacer un milagro, una premonición divina. No encontraremos héroes en la poesía de Juana Acosta, ni antiguos, ni modernos; tal vez podríamos situar su obra en el terreno lirico o simplemente olvidar la clasificación en pos de otorgar al autor el respeto intelectual que merece su obra. Allí se encuentra su pueblo natal, Tinogasta, allí sus hombres y mujeres, sus niños, los sueños de todos y la dignificación de lo artístico. Pero ante todo allí se devela una forma estética que tiene que ver con lo esencial–casi en el terreno de lo divino–que es una forma consonante con el Ser individual que se integra a un todo donde la nada es parte y la existencia una condena. ¿Es acaso existencial la estética de Acosta? No podría ni debería serlo, por lo menos si entendemos por existencialismo una sustantivación teórica donde la existencia es anterior a la esencia y el hombre está condenado a ser libre. Y la libertad un modo de enfrentarse a la situación, al entorno, al prójimo, al pasado. Porque el hombre que nace es fruto de un milagro, el milagro de la vida, lleva impreso su destino y no deberá condenarse por no ser libre, porque se debe a un Ser superior que es todo, del que es parte, que en Juana Águeda Acosta es Dios, servicio y todo.

Carlos Anández.

Juana Águeda Acosta nació en Tinogasta, Provincia de Catamarca en 1952. Cursó sus estudios primarios y secundarios en su ciudad natal. Estudió enfermera universitaria y licenciatura en enfermería en la Universidad Nacional de Tucumán. Realizó cursos de postgrado en epidemiología general en el Instituto Nacional Juan Jara de Mar del Plata. Es profesora en Ciencias de la Educación y se diplomó como Profesor capacitado en educación sexual y sida en el Instituto de Psicología de Mar del Plata. Es Técnico Superior en Administración. En servicio trabajó desde 1974 en el área programática número 10 del Hospital Zonal de Tinogasta. Es Miembro Honorario, Vate de oro y Vate de plata de Publicaciones Altair de Bahía Blanca donde publica desde 1996.Integró las colecciones Pléyade y Antares. Mención especial como Miembro Honorario en la Convocatoria Literaria Internacional 2002 de editorial Atair. Mención en 2003, finalista en Mi espacio literario 2003 Línea Abierta Córdoba, premio Dr José Incollá de F.A.T.A.S.A, diploma y premio Exaltación de valores del personal de Sanidad 2003, Pergamino internacional de Mar del Plata 2006. Reside en Tinogasta, coordina talleres literarios y promueve talentos artísticos.

Publicaciones:

Revista Cable Sound Visión.

Periódico Ida y vuelta (Tinogasta)

1998 – ALQUIMIA EN AZUL

2002- MEMORIAL DEL ALMA

2005- DE SOLES ARREBOLES Y LUNAS

2005- SENTIR EN ACUARELA

2006- SINTONÍAS DEL ALMA (con Rubén Cecilio Garrido)

2006- YUYARINA

2008- EL TIEMPO DE LA LUNA

2008- ¿DÓNDE ESTÁ EL AGUA?

2012- CONFESIONES ONÍRICAS (con Carlos Anández)