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CONVERSAR CON FALCO

CONVERSAR CON FALCO

En ciertos momentos–cuando los laberintos de la existencia se tornan inaccesibles y el pecho se transforma en un puño, como un dolor que desfigura el alma–demoro mi sombra sobre el paisaje agreste de la ciudad dormida, atravieso el umbral de mi casa, enciendo el velador de la sala y busco un libro entre los anaqueles de la biblioteca. Un libro que ocupa siempre el mismo sitio, que regresa de la madera a mis manos, de la letra a mi mente; silueta fantasmal derrumbada en la espera, en el dolor de Ser. Me integro, así, al devenir incesante de la poesía y descubro una vez más el corazón inmortal de Falco:” Donde se siente que uno está solo, /viví la noche oscura/oprimiéndome el pecho, /y un cielo de cenizas/donde olvidé quereros”. Integrado al sufrimiento que produce la insatisfacción por estar y no ser, por morir en cada golpecillo del reloj, bajo la tormenta invisible de la soledad, vacilación ingenua que nos es más que una interrogante, un pensamiento baldío de palabras, una imagen distorsionada de la muerte.” /Todo pasa en la vida. /Pasó tu inmerecida muerte. /Pasaron días y pasaron noches. /Todo pasa. /Mas yo quisiera/verte de nuevo, aunque murieras”. Y el deseo es mas fuerte que la muerte, es casi un ruego, pregunta sin repuesta, voluntad de Ser, porque como dijo Arregui estar muerto es también una manera de ser. Vuelvo recurrentemente a Tiempo y tiempo porque necesito conversar con el hombre, volver a oír su verbo, conversación conmigo, con mi inconsciente umbroso, develar el secreto de la ánimas ocultas en la sombra del cuarto: “Vienes por un camino/que mi memoria sabe, /y me detengo entonces/indagándote el rostro./…/Todo está muerto, y muerto/el tiempo en que ha vivido./Yo mismo temo a veces,/que nada haya existido;/que mi memoria mienta,/que cada vez y siempre/–puesto que yo he cambiado–/cambie, lo que he perdido”.

Volver a Líber Falco es una necesidad para quienes logramos comunicarnos con su intimidad, con la razón de su existencia en un tiempo y un espacio diferentes. Dice Heber Raviolo en el prólogo de la edición de Tiempo y tiempo de 1987: “Más que admiración, lo que despierta Falco en el lector es un estado de comunión espiritual, la sensación de sentirse consubstanciado sentimental y espiritualmente con el poeta. /…/Hay un aspecto que es imposible pasar por alto en la poesía de Falco: en una primera instancia, pocos poetas podemos encontrar, en el panorama de nuestra literatura, más atormentados, más angustiados por el soplo helado de aquellos grandes personajes, viejos como el hombre y la poesía: el tiempo, la soledad, la muerte. Pero no obstante ello, su obra reboza vitalidad y, aún en sus momentos más desolados, parece trascender una salud espiritual que transforma lo que pudo ser un desesperante callejón sin salida en un verdadero cántico de amor, de amor en la alegría y en el dolor, en la soledad y en la amistad, en la muerte y en la vida”. “Perdona, yo anduve un día, mucho tiempo, /calles y calles junto a puertas y paredes, /nadie dijo mi nombre; /sólo tú una vez, y qué locura, /para tu frente de violetas/tuve una risa de dos dientes”. Y me siento volar en aquella sonrisa, en el fondo del vaso vacío, en el conjuro de algunos demiurgos que se escapan de la dramaturgia o de la prosa introspectiva de Platón para volver a reposar sobre el callejón neblinoso de la vida. Porque la vida es movimiento, un juguete, un juego, “lo poco y lo mucho que tenemos”, los amigos son parte del Ser y también, como yo, serán nada: “Mas, se acerca el invierno que esperó tantos años. / Adiós, adiós, adiós, os saluda un hermano/ que gastó su moneda de un tiempo ya pasado. / Adiós, ya se acerca el invierno que esperó tantos años”. Sentirme solo, la mente abarrotada de recuerdos, simplemente imágenes, pensamientos que aparecen sin ser evocados, sombríos callejones con una luz apenas por salida y más allá la muerte.  Falco interrogaba a sus amigos muertos, les esperaba, deseaba oírles decir una palabra–sobretodo en su enfermedad–, volvía frecuentemente sobre el tema y también a Dios que no era Dios sino un hilo de esperanza, pálido diseño de fe:”Qué me dio Dios para gastar/ qué?, que no entiendo./…/Dadme cantar y cantando/ verterme como un río,/ por estas calles/ hacia el mar”. Entonces vuelvo al origen, a la naturaleza madre, conjuro terrenal que se siente y se eleva hacia el cielo: “También quisiera uno, / luego de tanto y tanto/ amor al aire, / que un árbol se recline/ a bebernos la frente/”. Uno de sus amigos más íntimos escribió:

Es alta noche. Hace cuatro días que murió Falco. Estoy escribiendo lejos de Montevideo. La noche y el campo me rodean. La noche–ya se sabe–tiene mucho que ver con la muerte. El campo también, se me antoja ahora, no sé si por soledad, no sé si por la tanta tierra en sí. Sobre mi mesa hay un desorden de libros, papeles, cigarrillos, tazas con restos de café, revistas. Tres revistas están abiertas en páginas con poemas de Falco. Al lado de las hojas que he venido escribiendo desde la noche del día de su entierro, hay un pequeño libro: Días y noches. Hace tres días que ese libro está al alcance de mis manos, y mis manos incontables veces lo han tomado. Tiene una dedicatoria en tinta azul: “Para Mario, un hermano, con quien hemos compartido días y noches. Con un abrazo, Falco”. (Líber Falco- Mario Arregui. 1964)

Vuelvo entonces al libro y leo:

¿Cómo diré que tú vivías,

que yo te ví,*

y que otros te miraron?”

CARLOS ANÁNDEZ.

Líber Falco nació en Montevideo el 4 de octubre de 1906 y murió el 10 de noviembre de 1955.

OBRAS:

COMETAS SOBRE LOS MUROS (Imprenta Stella 1940)

EQUIS ANDACALLES (1942)

DÍAS Y NOCHES (Imprenta Herculiana 1946)

TIEMPO Y TIEMPO (Ediciones Asir- Montevideo- 1956)

Nota: con acento en el original*

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CONFESIONES ONÍRICAS.

CONFESIONES ONÍRICAS.

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Confesiones oníricas es la reunión de dos poetas: dos maneras de enfrentar la poesía, discurso determinante del sentir. Revelación de dos identidades y así mismo unidad en la dura tarea de comunicar en el terreno de lo poético. La poetisa Catamarqueña, nacida en Tinogasta, enfrenta un trabajo de Carlos Anández para unirse en un discurso poético donde se recorre el paisaje de los sueños y la vigilia se transforma en poesía. Editorial Capacñan anuncia la aparición de este libro para mediados del mes de junio de 2012. Un libro de factura artesanal, completamente armado a mano, con diseño de tapa e interiores de Rubén Cecilio Garrido; incluye en sus tapas la pintura de Gabriel Rodríguez Lladó que nació en Tinogasta el 30 de mayo se 1993. La editorial presentará el libro en Tinogasta y todo el norte Argentino.